tenis. copa davis
Ferrero siempre responde
Verdasco perdió el primer partido y Albert Costa recurrió al valenciano, que ganó a Beck metiendo a España en las semifinales de la Davis

El capitán español Albert Costa es manteado por los miembros del equipo nacional tras la victoria de
«Que venga Juanqui», dijo Costa. Y aquel guerrero desaparecido emergió del mismo infierno, entre las brumas del tremendo calor que acosaba el ruedo, casi fantasmal. Apareció raqueta en mano. «¿Quién me llama?». «Tienes que tumbar a ése, al grandote». «Eso está hecho». Y Juan Carlos Ferrero, el tenista perdido, un jugador al que sacaron casi de las vacaciones, se fue hacia Andreas Beck y le tumbó de un papirotazo, como Aquiles al mejor de sus rivales.
Ferrero volvió de la nada para salvar a su equipo y a su país del desastre después de que Verdasco perdiese y la eliminatoria ante Alemania quedara empatada a dos. Pero Costa tenía un as en la manga y todos los que están en el circuito sabían que era un arma secreta tremenda. Con salud y su potencial recuperado, Ferrero es más jugador que todos los que hay aquí. No en vano ha sido número uno, que no es ninguna tontería.
Sin perder tiempo se puso a la tarea y en un pis pas destrozó a Beck, que es un don nadie a su lado. Ferrero lo tiene todo, saque, velocidad de bola, destreza para abrir ángulos y mover al gigantón de 1,90; y talento, mucho talento en cada golpe que da. En realidad, Beck tenía poco que hacer. El alemán se perfila para sacar como si fuese a dar un pase de pecho, pero de torero no tiene nada más. Si no le entra el primero es un náufrago, y mucho más ante una raqueta como la del valenciano, que fue muy superior durante todo el partido.
Incluso cuando Beck pudo recuperar algunos de los servicios que perdió, la plaza respiraba tranquila porque enseguida volvía el Mosquito para picar al grandote. Le bastaba con hacer el abanico para que Beck, demasiado alto para hacer unos movimientos laterales rápidos, respondiese.
A medida que el gigante se iba desmoronando ante la derecha tremenda, de precisión y pegada del español, la plaza se levantaba eufórica. Ferrero, muy seguro de sí mismo desde antes incluso de empezar la eliminatoria, iba acortando terreno y el alemán ya estaba entre la espada y la pared en cada golpe, muy presionado por todo, por la bola, por el calor, que le asfixiaba y por el ambiente, que al final cayó.
Juan Carlos Ferrero ha vuelto. Tenemos más héroes que el dios de la isla...