Reportaje | ÁNGEL RESA
A hombros del mejor
España sube a lo más alto del podio guiada por el mejor jugador continental, un pívot dominador cuya ambición no tiene límites
Pau Gasol habla bien y cae mejor, pero es un hombre a quien le distinguen más los hechos que las proclamas incendiarias. Basa el éxito de su extraordinaria carrera profesional en un talento natural indiscutible, pero ya hace mucho tiempo que decidió ponerlo a trabajar. Al mayor de la saga, al mejor baloncestista español de la historia, le define la determinación por encima de todo. Tras ese aire indolente y cansino que deja a su paso se encuentra un deseo irrefrenable de mejorar continuamente. Debutó en la ACB y la abandonó con el fuerte olor a pólvor. Se instaló en Memphis, allí fue engarzando éxitos individuales y comenzó a entender su capacidad de levantar a todo un equipo sobre sus hombros. Pero necesitaba más y ya en el año 2008 con la llamada de los Lakers a su puerta ingresaba en el club selecto de Los Ángeles disputando y perdiendo su primera final. Le mojaron las críticas en plena intemperie por su blandura defensiva. Un año más tarde, hace tres meses, Pau ingresaba en el territorio de la leyenda. Con su aportación fundamentalse convertía en el primer nacional con licencia para ponerse la alianza del campeón en el dedo anular. Y fue después de ese magno logro cuando comenzó a barruntar la revancha: el oro europeo que le escupió el aro en el tiro definitivo hace dos años en Madrid tras la maldita canasta del ruso Holden. Gasol quería cerrar un círculo que germinó en el verano portugués de 1999, cuando se colgó el oro mundial junior con cuatro compañeros que también le acompañaron en el podio de Katowice. Campeón del mundo en 2006, plata un año más tarde en el torneo continental disputado en casa, segundo en la memorable final olímpica de Pekín. A Pau le escocía el rejón europeo prendido en su lomo y decidió -el verbo que más y mejor conjuga- quitárselo en Polonia. Lo ha hecho a lo grande, coronando a la selección española como reina de Europa, izándola encima de sus hombros, aplicando a una calidad ofensiva fabulosa el clínic atrás que ha aprendido con los Lakers. La defensa de intimidación y sabiduría más que de fiereza, otra muesca de su obsesión por mejorar.