Diario de León

fútbol. El clásico de los clásicos

Ibrahimovic mueve el retrovisor (1-0)

El punta del Barça, un imperial Puyol y la extraña falta de pegada del Real Madrid deciden un duelo en el que Pellegrini planteó un partido a la perfección aunque no sirvió para mantener el liderato

Iniesta y Pepe, durante el partido

Iniesta y Pepe, durante el partido

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ignacio tylko | barcelona
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Concluye el tópico que los clásicos no entienden de sensaciones, y qué razón tiene. Llegaba el Madrid al Camp Nou líder pero con pinta de poder ser vapuleado. No funcionaba como una orquesta pero le salvaban los solistas. Y el Barça venía de rozar la perfección ante el Inter. Pues resulta que los de Pellegrini funcionaron muchos minutos mejor como equipo y cayeron por su falta de pegada, tradicionalmente su mejor virtud, porque les faltó fuelle en la segunda mitad y porque Puyol estuvo imperial. Junto a Ibrahimovic, que salió desde el banquillo para acertar en su primer disparo y en la primera gran ocasión del Barça, fue el hombre de un partido de verdad, quizá no muy vistoso pero de una intensidad extraordinaria (1-0).

El Madrid pudo haber salido muy fortalecido y más líder de Barcelona pero vuelve con la cabeza gacha y envuelto en dudas. Dio lo mejor de sí en la primera mitad, demostró gran personalidad, pero acabó perdiendo ante el conjunto azulgrana más desdibujado de la temporada. Se cayó en la segunda mitad y ni siquiera supo ni pudo aprovechar de la pueril expulsión de Busquets a falta todavía de media hora. Al contrario, debió recibir algún gol más al contragolpe. Pellegrini realizó un planteamiento perfecto pero será discutido porque luego sacó a Raúl en lugar de reforzar el centro del campo. Y el Barça celebró su sufrida victoria como si fuese una final. Acusó el desgaste físico y psicológico del choque ante el Inter pero ganó otro duelo decisivo, de los que marcan la Liga.

En el plano de las estrellas, Messi dejó patente que una lesión muscular no se olvida en una semana y Cristiano que dos meses de ausencia es un mundo por más que seas un portento físico. Kaká fue de más a menos, como casi siempre, e Ibra respondió a lo campeón cuando entró por un Henry que pide a gritos salir del Barça el curso próximo. Es como una sombra que oscurece un equipo luminoso.

La gran incógnita era conocer si al Madrid le aguantaría el físico, si al fin sería capaz de hacer un partido completo o volvería a caerse en la segunda mitad, como en Milán. Arrancó bien en la reanudación y pudo marcar en una contra. Pero Higuaín se asustó ante Puyol y cambió el panorama. Se vino abajo, sobre todo cuando Ibra entró. El Barça aprovechó su primera bala. Alves centró al fin en condiciones y el sueco fusiló a Iker. Cuesta abajo para los culés, al fin más comodos. Los delanteros blancos ya no presionaban arriba. Pero llegó enseguida la mano inocente de Busquets, la segunda amarilla. Auxilio para el Madrid y lamento de Guardiola. Nada cambió.

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