gimnasia rítmica. compitiendo contra los elementos
Campeonas pese al frío
Las chicas del Club Ritmo, recientes campeonas nacionales de gimnasia rítmica por conjuntos, se ven obligadas a entrenar con cazadoras, guantes y bufandas en un pabellón tercermundista
Una antigua nave convertida en pabellón deportivo
Con cazadoras, guantes y bufandas a modo de sicodélica equipación, entre cuatro paredes desprovistas de alma, sin patrocinador y con el frío como principal compañero de fatigas, catarros o vergüenzas ajenas. Así es, desde hace años, el día a día de las actuales campeonas de España de gimnasia rítmica por conjuntos, las chicas del Club Ritmo, las mismas que hace sólo cinco días obligaron a rendirse a todo un país a sus pies evidenciando una supremacía que, desde luego, no han conseguido gracias a sus «prestadas instalaciones».
Relegadas por la Junta a un prehistórico pabellón compartido en el que han de conformarse con las horas que nadie quiere, las 32 deportistas pertenecientes al Club Ritmo entrenan entre tres y tres horas y media de lunes a domingo desde septiembre a diciembre para preparar los ejercicios en equipo y de enero a junio de forma individual. «Dedicamos 40 minutos a calentar y a continuación trabajamos las dificultades corporales. Finalmente realizamos los ejercicios por partes y luego en equipo. En individual el trabajo ya es más especializado y depende del nivel de cada gimnasta. Cada niña hace un aparato determinado, pero todas poseen una base común, el ballet», señala su directora, Ruth Fernández, artífice de los éxitos que han dado a León un prestigio que sobrepasa fronteras.
Según Fernández, la gimnasia rítmica es el deporte de mujeres que más se practica, «tiene un marcado carácter vocacional y reúne disciplina, esfuerzo y superación. Curiosamente las niñas que lo practican son buenas en otros deportes y aplicadas en los estudios».
El Club Ritmo es una cantera de profesionales en la que Carolina Rodríguez se ha convertido en su máximo exponente, pero a la que siguen muchas otras cuyo potencial no tiene límites. «Para llegar lejos y ser una gimnasta de primer nivel resulta importante el trabajo continuo del cuerpo» aunque la dirigente del club recalca que «no todas las jóvenes que entrenan quieren dedicarse profesionalmente y sólo lo ven como un hobby».
A pesar de los numerosos triunfos cosechados por el club «en España no se valora la gimnasia rítmica, todo lo contrario que en el resto de Europa, donde es una forma de vida. Aunque me duele reconocerlo menos Carolina, que ya cuenta con algún espónsor que la respalda, el resto de sus compañeras se tiene que buscar la vida. Quiero pedir ayuda a las instituciones o a algún patrocinador para al menos, no pasar frío al entrenar», finaliza Ruth Fernández.
Mientras a nadie le dé por mover una ínfima parte de su dedo, las condiciones de entreno seguirán siendo sencillamente lamentables y el subirse al carro de los triunfos una osadía.