Ruiz-Mateos culpa otra vez a los bancos de los problemas de su renacido imperio
Las empresas de Nueva Rumasa se prestaban unas a otras, como ya ocurrió en los años ochenta
Trabajadores de la empresa Carcesa, perteneciente a Nueva Rumasa, en Mérida.
Como en una reedición de lo ocurrido hace casi tres décadas, el patriarca de Nueva Rumasa, José María Ruiz-Mateos, echa de nuevo la culpa a los bancos de los problemas que atraviesa su renacido imperio. El comportamiento del Santander «un banco que es el segundo del mundo, deja mucho que desear», declaró a Punto Radio.
Y añadió que estaba intentando hablar con el presidente Emilio Botín, «pero no se pone». La deuda de una serie de empresas de Nueva Rumasa con el grupo Santander es elevada. La que mantienen las empresas Dhul, Cacaolat, Hibramer, Carcesa y Zoilo Ruiz-Mateos supera los 140 millones de euros. En los orígenes del imperio de la abeja, Ruiz-Mateos acudió al Banco Popular en demanda de refinanciación, y mantuvo un largo enfrentamiento con el entonces presidente, Luis Valls Taberner, a quien acusó de no haberle prestado el oxígeno necesario para la supervivencia de sus sociedades antes de que se produjera la expropiación.
El presidente de Nueva Rumasa ha intentado salir al paso, ante los micrófonos, de las acusaciones de haber destinado los fondos captados de los inversores a proyectos diferentes de lo comprometido, e insistido en que «todo el mundo va a cobrar, y a lo mejor antes de lo que algunos creen».
«El que está aquí es el que sabe lo que tiene, y el patrimonio de Rumasa es inmenso, enorme, para la gente que todavía está más familiarizada con las pesetas, son mil millones», declaró el empresario en la entrevista.
La cifra entra obviamente en contradicción con los datos aportados por el equipo de Nueva Rumasa en conferencia de prensa, cuando cifraron el patrimonio de unos 5.800 millones de euros.
La información financiera del grupo es inexistente o al menos no ha sido difundida por los canales habituales. Tampoco estaba obligado a mayores exigencias, al no constituir un grupo consolidado, sino un conglomerado de empresas con participaciones cruzadas.
Tampoco abunda la información societaria, a excepción de las cuentas de resultados y balances que la ley obliga a depositar en el Registro Mercantil a las empresas que quieren seguir operando.
Explorando en los folletos no oficiales difundidos por las empresas que emitieron pagarés, aparecen anuncios de planes de expansión que no llegaron a cuajar. En el 2009, Carcesa obtuvo 70 millones, pero con ese dinero solamente se compró Queserías Menorquinas. Parte de los recursos obtenidos de los ahorradores, se destinaron a préstamos a otras empresas del grupo, que en ese año ascendieron a un total de 124 millones de euros.
En la Rumasa primigenia, una estrategia de este tipo posibilitó la formación de la trama empresarial que la intervención desentrañó una vez tuvo en sus manos los libros de cuentas y que mostró un agujero multimillonario.
El Gobierno, en esta ocasión, se ha limitado de recordar que la Comisión Nacional del Mercado de Valores avisó en varias ocasiones de los riesgos de comprar pagarés o participar en ampliaciones de las empresas de Nueva Rumasa.
En las empresas que han iniciado el procedimiento previo a concurso, mientras tanto, se extiende la preocupación de los trabajadores por su futuro. La alarma se amplifica, porque además de esta decena de sociedades, la red tendida por Nueva Rumasa abarca un centenar de sociedades de pequeño y mediano tamaño, que suman un próximo a los 10.000 trabajadores.