La UE exige a Portugal sacrificios a cambio del rescate de 80.000 millones
Los 27 imponen «ambiciosas» privatizaciones y la reforma del mercado laboral

El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, a su llegada al Ecofin.
Portugal ya puede prepararse para una época de sacrificios. Los ministros de Economía de la UE anunciaron ayer que el país luso deberá poner en marcha un programa de ajustes todavía más duro que el que provocó la dimisión de su primer ministro. A cambio, Bruselas concederá una línea de créditos de 80.000 millones de euros al Gobierno de Lisboa para que pueda hacer frente a su asfixiante situación financiera. Los primeros préstamos podrían llegar a finales de mayo si los partidos portugueses, que se encuentran en plena precampaña, aceptan las condiciones europeas. Los titulares de Finanzas, que celebraron su cita mensual en Hungría porque ocupa la presidencia de turno de la Unión, parecen decididos a no perder ni un segundo en la tramitación del rescate de Portugal. Apenas dos días después de que el primer ministro luso en funciones, José Sócrates, anunciara su petición de auxilio económico, los representantes de los Veintisiete acordaron abrir las negociaciones para ayudar al país. Y lo hicieron con «estrictas condiciones» por delante. Bruselas no quiere dar la sensación de que entrega cheques en blanco ni flexibles salvavidas para escapar de la presión de los mercados.
El documento pactado por los ministros de Economía expone claramente los «tres pilares» en los que deberá basarse el programa de reformas portugués. De entrada, se exige un «ambicioso ajuste fiscal» para reconducir la situación financiera. Además, la UE reclama un plan para espolear el crecimiento y la competitividad. El país ibérico, que cuenta con una tasa de paro del 11%, no sólo ha pagado los efectos de la actual crisis. Según diversos analistas, la economía lusa arrastra el peso de una década perdida en la que el PIB aumentó a un raquítico promedio del 1%.
Conscientes de esta situación, los responsables económicos europeos apuestan por reformas estructurales en materia de empleo. El texto consensuado llama especialmente a eliminar las «rigideces» en el mercado de trabajo. También se remarca la necesidad de alentar la innovación y respaldar a los emprendedores. A juicio de la UE, este esfuerzo por reactivar la economía debería ir acompañado de un «ambicioso programa de privatizaciones», un mandato que abre un horizonte de posibilidades para las empresas españolas.
El tercer «pilar» identificado por Europa aboga por aprobar nuevas medidas que contribuyan a garantizar la «liquidez y la solvencia» del sector bancario luso. El comisario de Economía, el finlandés Ollin Rehn, admitió que buena parte del paquete de rescate se destinará al saneamiento de las entidades financieras.
Aunque todavía no se ha cerrado el montante total del rescate, los socios comunitarios ya empiezan a echar cuentas de lo que tendrá que aportar cada uno. Las cantidades variarán en función de la procedencia de los fondos. Si se sigue el patrón de Irlanda, el dinero se transferirá desde el FMI, los presupuestos comunitarios y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Elena Salgado avanzó que según una primera estimación, España aportaría 5.000 millones.