Las cajas aceleran los procesos para empezar a cotizar en Bolsa desde julio

La deuda griega y los bonos de EE.UU. complican la búsqueda de inversores

El Consejo General de Caja Navarra, que se integrará en Bankia.

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m.j. alegre | madrid
León

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Las cuatro cajas o grupos de estas entidades que han optado por la fórmula de constituir un banco cotizado para cumplir las exigencias de capital impuestas por el supervisor -Caixabank, Bankia, Banca Cívica y el grupo Mare Nostrum- intentan cubrir con celeridad todos los requerimientos antes de que llegue el verano. Es una verdadera carrera de obstáculos, que no solo incorpora la desconfianza de los inversores bursátiles hacia un sector del que conocen poco, al que saben afectado por la crisis del inmobiliario, y creen vinculado en muchos casos al poder político. El proceso se desarrolla, además, con un horizonte de incertidumbres en los mercados internacionales. A la inevitable reestructuración de la ayuda a Grecia -una decisión que el Consejo de Ministros de Finanzas de la zona euro abordará el 20 de junio- se añade la conclusión a fin de mes del plan de estímulos en forma de compra de bonos en Estados Unidos. En una economía global, cualquiera de estos motivos puede amedrentar a los inversores

Lo único prácticamente seguro, por ahora, es que Caixabank, el banco de La Caixa, se estrenará en Bolsa el 1 de julio. La entidad diseñó un plan, en apariencia complejo, que le facilitaba el camino. Años atrás colocó en el parqué a Criteria, la sociedad que aglutinaba sus participaciones financieras e industriales. Sus 350.000 accionistas pasan a serlo del nuevo banco. Y desde este lunes hasta el 3 de junio la entidad va a comercializar en las 5.400 oficinas de su red una emisión de bonos obligatoriamente convertibles en acciones por 1.500 millones de euros. Objetivo: alcanzar la cifra del millón de accionistas -clientes, en su inmensa mayoría- en el medio plazo.

Bankia también apuesta, como primera opción, por salir a Bolsa en la primera mitad de julio. Tras la última presentación de resultados trimestrales de su entidad matriz -el Banco Financiero y de Ahorro, BFA-, el equipo liderado por Rodrigo Rato ha tomado decisiones tan esenciales como el reparto de activos entre BFA y Bankia o el fichaje del muy experimentado vicepresidente de Banca March, Francisco Verdú, como consejero delegado.

Es la persona que llevará el día a día del negocio, y el encargado de vender la colocación a los inversores institucionales, en una ronda de contactos que arrancará de inmediato, una vez celebradas las elecciones.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en contacto directo con las cajas aspirantes a cotizar en el parqué, les ha reiterado su mensaje de que quiere garantías de una correcta formación de los precios. Puesto que no hay referencias a las que acudir, considera que reservar un alto porcentaje a los institucionales, y conseguir que se reparta entre muchos de ellos servirá para proteger al ahorrador minorista. El institucional tiene la preparación adecuada para evaluar lo que adquiere, opina el supervisor de los mercados. Y si concurren abundantes institucionales se evitará la distorsión del precio que pudiera darse con el apoyo exclusivo de inversores vinculados (empresas públicas de las autonomías, aseguradoras con quienes mantienen estrechos lazos)

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Otro grupo de cajas que ha acelerado los trámites es Banca Cívica, que afirma protagonizar «la operación más avanzada» del sector en los procesos de consolidación. Según informaciones procedentes de los analistas, los preparativos han avanzado lo suficiente como para no descartar la hipótesis de una colocación antes del verano. Pero el calendario parece muy ajustado y la única información oficial que ha trascendido es la integración de los activos de las cajas accionistas tras la aprobación del plan de segregación de las respectivas asambleas. Un paso que aún le queda por dar a Banco Mare Nostrum, el último de los aspirantes a cotizar en Bolsa en los próximos meses.