Las agencias de calificación empeoran la crisis al incitar a excesos en épocas de bonanza

S&P, agencia protagonista de la economía actual.
Standard & Poor´s (S&P) mueve ficha y se convierte en el detonador de la semana más compleja que autoridades económicas e inversores de todas las condiciones y tamaños han vivido a uno y otro lado del Atlántico en estos tiempos de turbulencias.
La interminable crisis de la deuda soberana de la zona euro amenaza con extenderse a más y mayores países y Estados Unidos acaba de tejer un débil acuerdo político para cumplir sus compromisos de pago, en medio de preocupantes indicadores que revelan un parón en la primera economía del mundo. Y ha sido este momento de extraordinaria debilidad e incertidumbre el elegido por S&P, una de las tres grandes agencias de calificación crediticia, para proclamar a los cuatro vientos que la solvencia de la economía norteamericana ya no es digna del máximo crédito. Ahora se investiga si la noticia se filtró durante las ‘conversaciones’ que la institución de análisis mantuvo con la Casa Blanca, y si algunos operadores pudieron beneficiarse de información privilegiada y hacer uso de ella horas antes del anuncio oficial. Pero, a la vista de la actuación de S&P, lo que pocos dudan es de que las agencias de calificación eligen para la difusión de sus informes los momentos críticos, en los que obtienen mayor audiencia y que no todos juzgan los más oportunos. España tiene una triste experiencia de esta práctica. Pocas horas antes de dar a conocer las necesidades de capital de la banca española, Moody´s se adelantó a informar de la rebaja de la calificación crediticia de su deuda por la desconfianza en la reconversión de las cajas de ahorros.
Los estudiosos afirman ahora que las agencias forman parte del problema. En época de bonanza alimentan los excesos con sus pronunciamientos favorables y cuando llegan tiempos de dificultades añaden leña al fuego de la desconfianza con sus descalificaciones. La situación se agrava porque las ‘notas’ de las distintas compañías apenas difieren, y además suelen cambiar al mismo tiempo.