La tasa a las transacciones financieras no recibe el visto bueno en la UE
?. Sólo nueve países se mostraron dispuestos a incorporarlo a su legislación, entre los que está España.
Apenas un mes después de que se presentara a bombo y platillo, la tasa a las transacciones financieras ha enfilado el camino del congelador en la UE. En el primer debate en Bruselas sobre la aplicación del impuesto, sólo nueve países se mostraron dispuestos ayer a incorporarlo a su legislación. Aunque entre ellos se encuentran Alemania, Francia y España, el ramillete de partidarios no es suficiente ni para pensar en un acuerdo a corto plazo en la zona euro. Al menos, los Veintisiete lograron un consenso sobre los indicadores sujetos a multas millonarias para prevenir futuras crisis.
El ministro de Finanzas británico, George Osborne, y Elena Salgado protagonizaron un intercambio dialéctico que ilustra el punto de maduración de la tasa financiera en la UE. El representante de Reino Unido llegó a tachar de «descabellado» que a lo largo de su vida pueda ponerse en marcha el impuesto por la oposición de EE.UU., China o Singapur. La vicepresidenta económica le contestó que siendo él «mucho más joven» -tiene sólo 40 años- confía en poder ver la figura tributaria en los próximos ejercicios.
Reino Unido se opone frontalmente a la tasa porque podría minar la fortaleza de la City, el mayor centro financiero de Europa. En la cumbre de los ministros de Economía de ayer, quedó claro que Londres no está sola en la batalla. Suecia es su principal aliado, pero Luxemburgo, Italia, Dinamarca y Holanda tampoco tienen nada claro que sea el camino a seguir. Todos ellos temen que el impuesto provoque una espantada de las entidades financieras.
Al otro lado se situaron el eje franco-alemán, España, Bélgica y un puñado de países. Berlín se mostró dispuesto a apostar fuerte e intentar aplicar la tasa únicamente en la zona euro, pero no cosechó muchos apoyos.
La ministra Elena Salgado admitió que es difícil que se alcance un acuerdo «de un día para otro» y subrayó que el impuesto debe ponerse en marcha en un espacio con un «tamaño crítico».