Diario de León

Los alemanes vuelven a consumir y apartan su obsesión por el ahorro

El ministro de Economía, Luis de Guindos.

El ministro de Economía, Luis de Guindos.

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enroque müller | berlín
León

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El KaDeWe, la catedral del consumo en Berlín y quizás los grandes almacenes más famosos de Alemania, se ha convertido estos días navideños en el espejo de un fenómeno que ya ha sido registrado con asombro por el severo Instituto Federal de Estadísticas, el Instituto Económico de Munich —IFO— y el Instituto Gfk, un grupo que estudia, con un rigor científico, el comportamiento de los alemanes a la hora de gastar su dinero. Los tres organismos llegaron a una conclusión categórica. Los alemanes, una población que luce con orgullo el título de campeones del ahorro en Europa, están gastando alegremente su dinero sin preocuparse de las consecuencias que pueda tener para el país y el bolsillo la peligrosa crisis de la deuda. Y tampoco parecen darle importancia al fantasma de la recesión que se cierna sobre la primera potencia económica de Europa.

La primera señal de que algo está cambiando en Alemania la dio el Instituto Federal de Estadísticas cuando anunció hace un mes que el PIB había crecido en un 0,5% en el tercer trimestre del año gracias un inusitado incremento del consumo privado. En palabras menos técnicas, los consumidores alemanes impidieron que la economía sufriera un parón.

La fiebre consumista que parece haber contagiado a la nación asombró a los expertos y alegró la vida a los países vecinos, que siempre habían echado en cara a los alemanes su poca disposición a gastar dinero en crisis y a la fortaleza de sus exportaciones, que generó un desequilibrio comercial a favor de Alemania en la zona euro y en el resto de la UE. Y «para este año esperamos un aumento de un 1,5 % en el consumo privado», subraya Jörg Krämer, jefe de economistas del Commerzbank, al constatar la fiebre consumista. «La economía marcha bien, hubo aumentos de sueldos y el temor a perder el trabajo esta desapareciendo rápidamente», le da la razón Rolf Schmidt, un ingeniero que trabaja en una multinacional alemán, al salir del KaDeWe cargado de bolsas.

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