Spanair prepara un ERE para los más de 2.000 trabajadores tras el shock inicial
Pilotos y acreedores intentan apartar a los directivos de la gestión de la quiebra.
Trabajadores de Spanair votan las movilizaciones en protesta por el cierre y los despidos.
El que no corre, vuela. Y más en el convulso negocio aéreo. Esa parece ser la tónica general dentro del caos que vive Spanair, que el pasado viernes decretó el cese de sus vuelos ante la inviabilidad financiera de la compañía.
Superado el shock inicial, todos los protagonistas —directos o indirectos— tratan acelerar más que el resto. Así, los pilotos de la fracasada firma no dudaron en madrugar para presentar a primera hora de la mañana de ayer ante el decanato de los juzgados de lo Mercantil de Barcelona, y junto a tres acreedores de Spanair, una solicitud de concurso necesario de acreedores. Según el Sepla, le ganaron la mano a la propia empresa, que acudió treinta minutos más tarde, siempre según los pilotos, para solicitar otro concurso, en este caso voluntario. La diferencia entre ambas solicitudes no es baladí, pues si la quiebra se entiende como «necesaria» la justicia apartará de la gestión a los actuales administradores que, además, podrían terminar respondiendo con su patrimonio de los eventuales ilícitos cometidos.
Los trabajadores se desesperan ante lo que califican de «absoluta desinformación» y sueñan —paradojas de la vida— con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que la aerolínea, por boca de su presidente, Ferrán Soriano, ha anunciado que ya prepara la firma, con la intención de presentarlo a mediados de semana. El ERE permitiría a los poco más de 2.000 empleados con que hoy cuenta Spanair salir del limbo en el que se encuentran, acceder a las indemnizaciones por despido y a las prestaciones por desempleo, y poder manejar su vida con algo más de claridad que hasta ahora, cuando permanecen ligados por su contrato a una empresa fantasma bajo la condición de «permiso retribuido», una suerte de vacaciones obligadas. Ferrán Soriano explicó que los empleados, a los que se les debe la nómina de enero, recibieron ayer mil euros por cabeza, algo que niegan algunos de los afectados.
Una «chapuza». Mientras se aclara el panorama, la plantilla, dividida entre la indignación y la desesperanza, prepara movilizaciones y busca apoyos allí donde puede. El comité de empresa de Spanair hizo ayer un llamamiento velado al Ministerio de Fomento para que, en la medida de lo posible, se eviten las sanciones a la aerolínea (el departamento de Ana Pastor ha cifrado en cerca de 9 millones de euros el importe de las posibles multas administrativas) para, con eso, no recortar la posible caja con la que pagar a los trabajadores.
La sección sindical del Sepla en Spanair, con su presidente, Alberto Martínez de Marañón, a la cabeza, calificó de «chapuza» la gestión de lo que, entiende el sindicato, era un proyecto viable y con un gran futuro. El comandante cargó contra parte de la cúpula de Spanair (en especial contra dos ejecutivos extranjeros) que, denunció, mantuvo a los trabajadores ilusionados con la entrada de un socio industrial hasta muy poco antes de anunciar el final.
Y desveló un detalle importante. El piloto explicó que en el consejo del pasado viernes, el que decretó el cese de las operaciones, hubo voces —ignoradas, al fin y al cabo— para que el cierre fuera ordenado. «Un consejero, que no representaba a ningún inversor público, insistió en que no se podría hacer eso, que había dinero para alargar el proceso unos días y hacerlo bien, aunque fuera para no hundir el prestigio de la empresa», aseguró Martínez de Marañón.
Por su parte, el Ministerio de Fomento explicó que el importe medio a devolver será de unos ocho euros por pasaje.
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Redacción