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León

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España espera del Consejo Europeo que adopte con la máxima urgencia acciones que detengan la escalada de la rentabilidad que los inversores exigen a la deuda. Hasta ahora, las compras de bonos por el Banco Central Europeo en el mercado secundario, o las grandes subastas de liquidez a la banca solo han servido de parches temporales. El Gobierno confía, además, en obtener las mejores condiciones para el rescate bancari

-¿Bastará con un enunciado de buenos propósitos?

-Se necesitan medidas inmediatas, y un calendario preciso que permita a los países más vulnerables llegar ‘vivos’ a la nueva estructura de la comunidad europea, la que pondrá a salvo a los sistemas financieros nacionales gracias a los mecanismos de control y de soporte. Y España espera además un compromiso firme de reequilibrio entre las exigencias de disciplina presupuestaria y los incentivos al crecimiento. Los 130.000 millones anunciados en Roma serían poco más de un aperitivo, porque ni son fondos nuevos ni la cantidad que le puede corresponder en el reparto (unos 9.000 millones de euros) da para gran cosa.

-¿En qué situación llega España a la cumbre?

-En plena recesión y falta de oxígeno, porque la financiación le resulta cada día más cara.

-¿Por qué se han encendido las alarmas en las últimas semanas?

-El coste de la financiación se ha disparado hasta niveles insoportables. Ni el Tesoro ni el sector privado se pueden permitir captar recursos con un diferencial de cinco puntos y medio respecto al bono alemán de referencia en el ámbito de una moneda compartida. La asfixia atenaza a las instituciones más débiles.

-¿A qué se ha debido la vuelta a la recesión tras los indicios de recuperación del 2010?

-Los ajustes presupuestarios que empezó a aplicar España en la primavera de aquel año se sumaron al hundimiento de la construcción. Sin dar tiempo a un cambio de modelo productivo.

-¿Qué factores agravaron la situación a finales de 2011?

-Lo que empezó siendo un problema de relativamente pequeña dimensión, las dificultades de Grecia para atender sus compromisos de pago, unidas a los engaños a las instituciones comunitarias por parte de las autoridades del país heleno, sembró la desconfianza en otros estados de la zona, aunque por motivos distintos. Se sucedieron los rescates (Irlanda, Portugal) y los especuladores descubrieron un filón. Los Estados más vulnerables de la zona euro (España, Italia, incluso Bélgica o Francia en ocasiones),han visto encarecerse su financiación exterior hasta niveles insostenibles.

-¿Por qué los sacrificios no han detenido la ofensiva?

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-A los problemas de financiación pública se ha añadido el endeudamiento privado y sus secuelas. En los balances de muchas entidades de crédito españolas se acumularon ingentes cantidades de préstamos al ‘ladrillo’, cuya dramática pérdida de valor se ha reconocido por etapas. Con el coste de la financiación por las nubes y la nula disponibilidad de recursos públicos, el Gobierno ha tenido que solicitar lo que se empeña en llamar «asistencia financiera europea», un rescate en forma de préstamo de hasta 100.000 millones.