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León

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La reunión centrista de Roma fue casualmente un encuentro de los últimos de clase, gobernantes de países en graves apuros por la crisis: estaban por allí el primer ministro griego, Antonis Samaras, y el irlandés, Enda Kenny.

Además había que sumar al anfitrión, Mario Monti, que aprovechó para reunirse con todos y, en particular, con Rajoy, con quien estuvo una hora. Luego almorzaron juntos con el resto de mandatarios. Monti y Rajoy parecen entenderse muy bien en la adversidad, sobre todo desde que en el decisivo Consejo Europeo de junio formaran un bloque para imponer sus posiciones. Ayer tenían mucho de que hablar, pues era su primer encuentro desde que el Banco Central Europeo anunció el pasado 6 de septiembre su disposición a comprar sin límites la deuda de países en dificultades. Italia y España están en una posición similar: no han pedido un rescate y tratan de ganar tiempo.

Rajoy también habló del rescate, para insistir en que de momento no se lo plantea. Para ello deben cumplirse, aseguró, tres requisitos: «La certeza de que ése sea el interés de España, conocer las condiciones con claridad y si todo el mundo está dispuesto a apoyarlo». «Hay que saber qué pides», resumió.

En su opinión, la fórmula ideal sería hacer públicas unas condiciones claras y asumibles, lo que en sí mismo sería un mecanismo que funcionaría automáticamente «en un día» bajando la presión de los mercados.

Rajoy se mostró muy crítico con las lagunas de la construcción europea que deben subsanarse, como una unión monetaria «donde uno se financia al 1% y otro al 6%». «Eso no es una unidad monetaria, es un chiste», sentenció de forma coloquial ante los periodistas

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En esa dirección fue parte del discurso que Mariano Rajoy, «la Unión Europea no tiene marcha atrás y además tiene que dar muchos pasos adelante», dijo en referencia a la integración política, económica, bancaria y fiscal.