Diario de León

Seis de cada diez empresas declaran pérdidas en sus resultados a Hacienda

La recaudación del impuesto de sociedades se ha desplomado un 63% desde 2007.

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J. A. Bravo | (COLPisa) madrid

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El reparto de las cargas fiscales durante esta larga crisis resultó muy desigual, tanto porque algunos ámbitos y sectores pagan más que otros como por el hecho de que el más pequeño, una vez más, resulta el mayor pagano a la hora de saldar la factura de los excesos que vivió España en la última etapa de bonanza. Los datos de la última memoria tributaria, publicada ayer por el Ministerio de Hacienda, lo confirman.

Desde 2007, el último año de aquella ‘fiesta’ económica, la recaudación del impuesto de sociedades se ha desplomado un 62,9%, pasando de 44.823,2 millones de euros a 16.610,7 millones, una caída sin parangón en la historia tributaria española. Cierto es que todos los ingresos fiscales se redujeron durante la crisis (2011 es el último ejercicio con datos oficiales de la Agencia Tributaria), pero no en la misma medida: el IVA lo hizo casi un 26% (con 8.800 millones menos), los impuestos especiales (alcohol, tabaco y carburantes) un 45% (5.300 millones menos) y el IRPF (15.500 millones menos) casi un 32%, pese a lo cual su aportación a las arcas públicas (33.544 millones) duplica ya la procedente de las empresas.

La principal consecuencia es que las bases imponibles del conjunto del sistema (lo que grava realmente el fisco) se vieron mermadas en 210.000 millones de euros, más del 20% del Producto Interior Bruto). Y la bajada no se detuvo en 2011, continuó el año pasado (-3%) y prosigue en el presente ejercicio (-5,7% al cierre del primer trimestre), siempre muy por encima del descenso de la actividad económica. A efectos fiscales, el dinero sobre el que realmente tenemos que tributar se redujo a una cuarta parte desde 2009, de 1,3 a 1,09 billones de euros.

Para buscar una explicación a lo ocurrido no hay que ser un gran especialista: la recesión, tanto en sus primeros inicios como en su ahora aparente final, ha pasado una dura factura. Así, la destrucción de empleo y la moderación salarial hicieron que las bases imponibles de las rentas (sobre todo el trabajo vía IRPF, aunque también las empresariales y el ahorro) estén recortándose a un ritmo del 3% interanual, tres veces menos de lo que lo hacen las correspondientes al gasto (básicamente a través de los impuestos indirectos), con una caída del 9%.

También en ambos casos creció en distinta medida la presión fiscal. Partiendo de un aumento medio del 10,5% en el último año debido a las últimas subidas impositivas que aprobó el Gobierno, en el caso de las rentas (procedan de un salario o no) se elevó un 5,8%, tres veces menos de lo que lo hizo en el gasto (+16,8%) por el alza del IVA.

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