La expansión internacional, el gran objetivo
A lo largo del último año El Corte Inglés ha dedicado enormes esfuerzos a la siempre arriesgada tarea de romper tabús. Eso sí, sin dar de espalda a principios fundacionales de la compañía como «la atención esmerada al cliente, y la identificación de nuestro grupo con la calidad», según declaraba el propio Isidoro Álvarez en la pasada junta de accionistas.
Precisamente en eso, saber combinar tradición y modernidad, consiste el reto de Manuel Pizarro, recientemente incorporado a la compañía como adjunto a la presidencia y asesor en temas financieros. Fundamentalmente suya es la tarea de llevar a buen puerto uno de los objetivos que el gigante de la distribución se ha propuesto alcanzar en su tránsito a la modernidad: la expansión internacional.
El Corte Inglés salió escaldado de su primer gran intento de internacionalización, emprendido a comienzos de los 80 con la compra de los almacenes estadounidenses The Harris Company. La apuesta no funcionó, y en 1997 la cadena de almacenes fue absorbida por la también estadounidense Gottschalks. La presencia internacional del ‘holding’ español se limita a dos centros comerciales en Portugal, y a varios establecimientos de Sfera (marca de moda y complementos) ubicados en México, Perú y Arabia Saudí.