La justicia y Hacienda temen que Blesa oculte parte de su patrimonio
El juez inició ayer su embargo al no cubrir la fianza requerida de 16 millones .

El ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa.
Reza el refranero popular que quien no corre, vuela y en el caso de Miguel Blesa parece que hace tiempo que está en el aire. El ex presidente de Caja Madrid tuvo su primer roce serio con la justicia en la primavera de 2013 —estuvo dos veces en prisión y tuvo que abonar 2,5 millones de euros de fianza por la compra del City Nacional Bank of Florida (CNBF)—, y desde entonces quedó prevenido para el futuro.
Por eso, cuando el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu inició ayer jueves los trámites para embargarle, al no cubrir la fianza civil de 16 millones de euros por su responsabilidad pecuniaria en el caso de las tarjetas B, su preocupación podía ser relativa. Fuentes de la investigación asumen que podría sentirse seguro tras enajenar parte de sus bienes en los dos últimos años y, presuntamente, «ocultar sus, digamos, ahorros», pero también debería estar receloso «por lo que encuentre ahora» la Policía Judicial al indagar esos cambios.
Hace poco más de año y medio tenía un patrimonio inmobiliario valorado en casi seis millones de euros. Hoy ha quedado reducido a la mitad tras la venta un chalé situado en el cotizado barrio madrileño de Conde Orgaz y también de un dúplex en el Paseo de la Castellana (cerca del Santiago Bernabéu), además de la cesión a la Iglesia de una finca en Linares.
Lo llamativo es que por esas casas habría obtenido unos 2,3 millones, cuyo rastro no queda claro. Y, además, en el caso de los dos pisos el comprador fue un abogado que le asesoró durante su etapa en la caja de ahorros. Tampoco hay mucha información sobre la cartera de valores que le gestiona la filial de banca privada de Bankia, hoy con menos de siete millones tras depreciarse. De sus ingresos profesionales se estima que durante su etapa en Caja Madrid habría obtenido más de 27 millones de euros, incluidas la indemnización que percibió tras su salida en febrero de 2010 (casi 2,8 millones) y los 436.700 euros que gastó con su tarjeta B (2003-2010) que, a priori, le habrían permitido no tocar apenas su patrimonio. Eso sin contar sus emolumentos anteriores ocupando distintos cargos en el Ministerio de Hacienda (hasta 1986), ni su etapa como asesor fiscal (desde entonces y hasta 1996).