El caso Bankia apura su instrucción aunque con un banquillo más reducido
El juez espera cerrarlo a fin de año y mantiene indicios delictivos en la salida a bolsa.
Tres años después de que la Audiencia Nacional diera comienzo a la instrucción del llamado caso Bankia, convertido luego en el símbolo de la judicialización de los desmanes cometidos en parte del sector financiero español —aunque el Banco de España y la CNMV han escapado de la quema—, la sombra del banquillo empieza a perfilarse en el horizonte. Según fuentes de la investigación, la instrucción apura ya sus últimos meses y la intención del magistrado Fernando Andreu es cerrarla antes de que finalice 2015.
Todavía no están atados todos los cabos, pero en el entorno del instructor estiman que no queda mucho más por hacer. Lo esencial está ya claro —apuntan esas fuentes—, salvo que lleguen nuevos elementos de prueba inesperados.
Andreu da por buenos los informes de los dos inspectores del Banco de España que actúan como peritos del juzgado en este caso y, aunque algunos detalles no termina de verlos, comparte su conclusión esencial: el deterioro de las cuentas de Bankia «venía de lejos».
El controvertido folleto
Juez y peritos —estos en primera instancia— coinciden en que las cuentas de 2010 y 2011 «no reflejaban la imagen fiel del banco», aunque el primero no tiene claro que los «errores contables» que atribuyen al actual equipo directivo de José Ignacio Goirigolzarri conlleven una responsabilidad jurídica. Por eso su afán se centra en el papel que jugaron Rodrigo Rato y sus principales colaboradores, pues ellos pilotaron —bajo los ojos de los supervisores— la transformación de media docena de cajas de ahorros en la actual Bankia, incluida su polémica salida a bolsa en julio de 2011.
Fueron ellos quienes presentaron el controvertido folleto que contenía presuntamente información falsa o, al menos, manipulada, según la tesis judicial compartida por las acusaciones. Y también al equipo de Rato, secundado por Ildefonso Sánchez Barcoj, Matías Amat y José Manuel Fernández Norniella -la verdadera cúpula de decisión de Caja Madrid primero y del banco después-, le es achacable que presentará en 2012 unas ganancias ficticias de 252 millones de euros con cargo a 2011, que en apenas dos meses enmendó su sucesor para arrojar unas pérdidas de 3.318 millones, que luego los peritos elevarían hasta 4.570 millones.
Dado que tanto aquellas cuentas como el folleto fueron refrendados por el consejo de Bankia de la época, el instructor considera que hay elementos suficientes para transformar las diligencias previas abiertas contra ellos—-aunque es posible que reduzca la responsabilidad penal al círculo de poder más cercano a Rato— en un procedimiento abreviado. Con ello se enfrentarían a penas de hasta 11 años de cárcel.