La luz no se apaga en vacaciones

Aunque millones de españoles están fuera de su casa estos días, tendrán que pagar un mínimo. Los costes fijos y los impuestos representan el 75% de la factura.

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J. M. Camarero | MAdrid
León

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La pregunta se repite después de todas las vacaciones: ¿Cómo ha pagado tanta luz si apenas ha estado en casa en las últimas semanas? No se preocupe porque ni le han facturado mal este mes ni le tienen por qué haber cobrado de más. Simplemente es que el recibo de la electricidad tiene tantos costes inamovibles, que el impacto del consumo que realice es pequeño en la cuantía final, si se compara con el importe total de la factura. Siempre va a pagar unos importes mínimos, a pesar de rebajas como la última que está aplicando el Gobierno desde agosto hasta finales de año. El descuento es del 2,1%, pero no sobre lo que vaya a pagar, sino sobre una parte de los múltiples y complejos conceptos que se incluyen en todas las facturas.

Para empezar, hay que tener en cuenta que el consumo de luz que realice (lavadora, frigorífico, vitrocerámica, aire acondicionado en verano, calefacción eléctrica en inverno o iluminación general de su casa) determina aproximadamente un 25% de su recibo.

Se trata de una cifra que puede cambiar cada mes, pero que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) calcula en torno a ese porcentaje. Por tanto, por poco que haya encendido la luz últimamente, tres cuartas partes de su factura ya están asignadas de cara al recibo que se emitirá en septiembre. Incluso aunque estas vacaciones haya cortado el suministro eléctrico al cerrar su hogar, esas cuantías se encuentran preparados para ser cobrados por su compañía eléctrica.

Potencia

En este caso extremo cortar el suministro eléctrico durante su ausencia —un hecho que no suele ser habitual porque conlleva dejar apagados algunos electrodomésticos básicos como la nevera—, si tiene contratada una potencia media de 5,75 kilovatios, como mínimo pagaría 25 euros el próximo mes. Si su potencia es menor, abonará entre 10 y 20 euros. Y si su casa dispone de mayor instalación pagaría más de 40 euros. Y eso en el caso excepcional de no haber consumido un solo kilovatio.

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Los costes fijos del sistema dependen exclusivamente de las decisiones que vaya tomando el Gobierno. En 2015, tras la reforma energética implantada hace más de un año, el importe de esta parte de la factura se encontraba congelado por decisión del Ministerio de Industria. Para un consumidor que se encuentre acogido al mercado regulado (puede cerciorarse de este hecho en su factura a través del Precio Voluntario del Pequeño Consumidor —PVPC—), debe soportar, solo en concepto de potencia instalada, un coste de 38,04 euros al año por cada kilovatio contratado (unos 3,17 euros al mes por kw) más otros cuatro euros al año (unos 0,33 euros al mes) por el margen de comercialización fijo. En total, unos 3,50 euros al mes. Tras la última rebaja oficial, ese coste se sitúa en los 3,30 euros por kw en cada recibo.