Volkswagen fue advertida hace años de que el software de trucaje era ilegal

Bosch le informó en 2007 de que su programa para modificar los controles de emisiones era irregular.

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colpisa | madrid

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Las dificultades se acumulan para Volkswagen, que ya fue advertido hace años de los riesgos que corría con el programa para trucar los controles anticontaminación.

El nuevo presidente del directorio de VW, Matthias Müller, procedente de Porsche, prometió aclarar todos estos fallos y engaños que, además, le pueden costar miles de millones de euros a la empresa por querellas o investigaciones penales abiertas en Estados Unidos y Alemania.

La tarea parece enorme, ya que el grupo parece haber ignorado al menos dos advertencias. La empresa alemana Bosch entregó en 2007 a Volkswagen el programa que ha originado el escándalo de los motores trucados, precisando que su instalación en vehículos era «ilegal».

Ese año Volkswagen empezó a instalar el programa en los motores diesel para modificar los resultados de los controles de emisiones y ahorrar dinero.

Además un empleado de VW habría hecho una advertencia a nivel interno en 2011, alertando de que ese software podría «infringir» la legislación.

La investigación interna no ha permitido establecer por qué la dirección de Volkswagen no reaccionó. ¿Qué sabía Winterkorn? La respuesta tendrá una influencia decisiva en el cheque de indemnización que podría recibir Winterkorn al dejar la empresa. Éste puede aspirar a unos 60 millones de euros entre jubilación e indemnizaciones, a condición de que su responsabilidad directa en el escándalo no quede demostrada. La primera respuesta de la empresa cuando estalló el escándalo fue señalar que el fraude era obra de «unos pocos empleados».

La autoridad federal alemana del transporte por automóvil (KBA) pidió a VW que adopte «medidas obligatorias y un calendario» antes del 7 de octubre para adecuar sus motores diesel a las normas en materia de emisiones contaminantes, so pena de retirada de licencias.

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Concluye una semana negra para el constructor alemán, tras confesar que colocó en 11 millones de vehículos en todo el mundo un dispositivo para burlar los controles anticontaminación.