La compañía admite que tardará meses en aclarar el escándalo

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j. m. camarero | madrid
León

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El fraude masivo en los motores diésel de hasta 11 millones de vehículos Volkswagen va camino de convertirse en un complejo laberinto en el que la firma tardará en encontrar una explicación certera a lo ocurrido. El consejo de supervisión del fabricante alemán -un órgano de dirección característico de las empresas alemanas- ha advertido de que para llegar a una conclusión firme, las investigaciones que está llevando a cabo durarán «varios meses». Aunque incluso el anterior presidente, Martin Winterkorn, destituido a los pocos días de que saltara a la luz el escándalo, puso en marcha una investigación interna, la firma ha tenido que recurrir a asesores externos para poder llevar a cabo un análisis exhaustivo de la manipulación de los motores diésel en cuanto a las emisiones contaminantes.

El grupo ha contratado a la empresa estadounidense Jones Day para que lleve a cabo todas las indagaciones posibles ante un proceso que la propia Volkswagen considera «muy complejo», con actuaciones en diferentes áreas relevantes del grupo. El consorcio germano se distancia poco a poco de la versión inicial en la que indicaba que la responsabilidad del fraude se debía a «un pequeño grupo de empleados» de la compañía, tildando de «desastre moral y político» el problema al que se enfrentaba el grupo. «El consejo de vigilancia se asegurará de que la firma de abogados pueda desarrollar su investigación de forma independiente», explicó ayer en una nota. Jones Day se encargará de presentar informes periódicos sobre el progreso de su investigación.

Además, el consejo de administración del grupo informará la próxima semana sobre las primeras soluciones técnicas encontradas para solventar el escándalo del ‘software’ de las emisiones.

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