Bankia agita el negocio de los bufetes que denuncian a la banca
Despachos como Arriaga, que viven de las costas a las entidades, ven mermados sus ingresos.

Casillas el día que presentó la campaña de comunicación del bufete Arriaga-Asociados. ángel díaz
ana barandiarán | bilbao
Arriaga Asociados basa gran parte de su estrategia en la publicidad y la semana pasada ha vuelto a demostrarlo. Al día siguiente de que Bankia anunciase su oferta para devolver el dinero a los pequeños inversores que acudieron a su salida a bolsa, su fundador, el ex fraile Jesús María Ruiz de Arriaga, insertó anuncios en los que salía con su estrella mediática, Iker Casillas, dando las gracias a los millones de accionistas que han reclamado. Trataba de reivindicar así que ellos eran los que habían doblegado a la entidad financiera. Pero puertas adentro se reconoce que la victoria tiene algo de amarga. Después de todo, el bufete vive de las costas que los jueces cargan de forma generalizada a los bancos en casos masivos como las preferentes o la deuda perpetua de Eroski y Fagor. La decisión de Bankia supone, por tanto, una merma en sus ingresos.
De hecho, Arriaga está advirtiendo a sus clientes de que si aceptan la oferta de Bankia de forma unilateral tendrán que pagar al bufete las costas (el 10% de lo recuperado si es acuerdo extrajudicial y el honorario del Colegio de Abogados si es desistimiento). Ellos les animan a continuar con el pleito porque, dicen, es seguro que ganarán y entonces los ahorradores recuperarán el dinero y el despacho cobrará de la entidad el 100% de las costas.
Precio mínimo
Ahí está la base del negocio de Arriaga y de otros bufetes similares. Se trata de captar el máximo número de clientes con el gancho de un precio mínimo. Si ganan, que suele ser lo habitual en este tipo de casos, el ahorrador recupera su dinero y el despacho se queda con parte de los intereses y las costas, que normalmente los jueces cargan al banco. Para calcular estos gastos se utiliza la tabla orientativa de honorarios del Colegio de Abogados. Si se gana sin costas, el cliente paga el 8% de lo recuperado y si se pierde, el cliente sólo sufre un coste de alrededor de 450 euros, aunque varía según los casos. De esta forma, se anima a los ahorradores a ir a juicio en masa y los bufetes cobran con cargo a la banca.
Para que el esquema funcione es necesario que el nivel de éxito sea muy elevado (más del 90%), algo que se ha logrado en casos como los citados, dado que los jueces están muy sensibilizados y normalmente se decantan por los consumidores frente a la banca. El ‘modelo Arriaga’ implica, asimismo, la industrialización de las demandas como en una cadena de montaje (un departamento prepara modelos para distintos perfiles de clientes y luego se adaptan a cada caso) y la publicidad. Se dice que gasta más en estos últimos que en todo su personal de 350 abogados.