Diario de León

Draghi estudia más estímulos ante la oposición de Alemania

El presidente del Banco Central Europeo mantiene la idea hasta que la inflación baje del 2%.

El presidente del BCE, Mario Draghi, compareció en la comisión de Asuntos Económicos. S. LECOCQ

El presidente del BCE, Mario Draghi, compareció en la comisión de Asuntos Económicos. S. LECOCQ

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adolfo lorente | bruselas

Mario Draghi se reunirá esta semana con Angela Merkel, canciller de un país, Alemania, que lleva algunos meses sufriendo continuos episodios de sudores fríos cuando escucha el nombre del presidente del Banco Central Europeo. Será el jueves, en Berlín. Ayer, sin embargo, tocaba Bruselas, y si alguien albergaba esperanzas de que el BCE dé marcha atrás en su histórica política de estímulos, Draghi las disipó todas de un plumazo. Porque lejos de sugerir esta opción, llegó a asegurar que están preparados para «ampliar» el programa de compras de activos (‘QE’) tanto en volumen como en plazo hasta que la inflación se asiente cerca pero por debajo del 2%, como así lo estipula el mandato del BCE. «El apoyo de nuestras medidas sigue siendo necesario», advirtió antes de hacer el enésimo alegato en favor de la Unión Económica y Monetaria.

El banquero italiano protagonizó ayer el primer dialógo económico del año que periódicamente mantiene con la comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo. Suelen ser dos horas a pecho descubierto, con alemanes, holandeses o griegos siempre pertrechados con el cuchillo entre los dientes. Ser Draghi no debe ser fácil. Es el blanco fácil, la excusa de casi todo, pero él no se inmuta. Alemania, con elecciones a la vuelta de la esquina, ha redoblado la presión sobre el BCE después del dato de inflación de enero (1,8% en la zona euro) para que suba los tipos o retire los estímulos, pero nada cambiará a corto plazo. No hay debate.

«No vamos a reaccionar a impulsos aislados y momentos pasajeros. Nosotros nos guiamos por el medio plazo y por el tipo de incremento de los precios», matizó. Esta es la clave. El termómetro que guiará la actuación del Eurobanco se llama inflación subyacente, aquella que no tiene en cuenta los precios de la energía y los alimentos frescos. «La presión subyacente es bastante moderada y se espera que haya repuntes pero muy moderados. La atonía marca la coyuntura actual, hay una falta de ímpetu», recalcó. Es decir, que sin el efecto del pétroleo, poco o nada ha cambiado estos meses.

Así que larga vida al programa ‘QE’, que suma ya más de 1,3 billones de activos públicos adquiridos por Fráncfort, según los últimos datos publicados ayer.

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