El Impuesto sobre Sucesiones marca la mayor brecha de tributación

Algunos ciudadanos han cambiado su lugar de residencia a regiones con menor presión fiscal.

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León

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j. m. camarero | madrid

Cobrar una herencia o hacer una donación puede salir muy caro fiscalmente según donde se realice. Y es que la capacidad normativa en materia impositiva que tienen las comunidades autónomas ha provocado unas significativas brechas tributarias que alcanzan su cénit en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Su recaudación apenas alcanzó los 222 millones en 2015 -último año con cifras disponibles-, una cantidad muy modesta comparada con los 72.900 millones del IRPF o los 60.200 millones del IVA. Sin embargo, la brecha de tributación que genera es muy superior a la de cualquier otro impuesto. Así, mientras Canarias o Madrid tienen bonificado casi el 100% de esas tasas otras regiones como Andalucía o Extremadura aplican menos exenciones y los contribuyentes tienen que abonar al fisco hasta 1.000 veces más por una misma herencia. Esta realidad, al margen de las disputas políticas, ha provocado que algunos ciudadanos opten por hacer las maletas. Es decir, cambiar su lugar de residencia de regiones con una presión fiscal más alta a otras con una menor exigencia en estos tributos.

«Por concepto, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones es discutible», explica el profesor de Economía de Esade Salvador Ruiz, quien señala que esta figura grava por tercera vez la renta ahorrada de un contribuyente después de que lo hayan hecho antes el IRPF y el Impuesto sobre el Patrimonio. Además, este experto advierte de que una imposición elevada «favorece la deslocalización», lo que provoca que ciudadanos se empadronen en comunidades con tipos más favorables. Ruiz también avisa de que los tipos altos «incentivan el fraude fiscal y desincentivan la actividad económica» por lo que apuesta por una armonización a la baja.

Por otra parte, el profesor de Esade recuerda que la recaudación de este impuesto puede no engrosar en su totalidad las arcas de la propia autonomía, ya que al ser un tributo cedido por el Estado el sistema de financiación redistribuye parte de esos ingresos entre otros territorios para tratar de reequilibrar la desigualdad regional.

Pero ¿hasta dónde llegan las diferencias? Según un ejemplo elaborado por el Consejo General de Economistas Reaf-Regaf en su estudio sobre la fiscalidad autonómica si un soltero de 30 años hereda bienes de su padre por un valor de 800.000 euros de los que 200.000 corresponden a la vivienda del fallecido tendría que pagar apenas 134,23 euros en Canarias o 1.586 euros en Madrid por las bonificaciones. Por contra, en Andalucía esa tributación se dispararía hasta los 164.049 euros. Es decir, se multiplica por 100 o 1.000.

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Esta diferencia se basa en la variedad de criterios normativos. A todo esto hay que sumar los continuos cambios que los gobiernos regionales aplican todos los años y que para los autores del estudio sólo generan «confusión».