El Madoff español, condenado a 13 años de prisión por estafa
La Audiencia Nacional le atribuye cuatro delitos para montar una trama piramidal.
Germán Cardona Soler, en una imagen de archivo. FERNANDO VILLAR
J. A. Bravo | MAdrid
Germán Cardona Soler se parece, a priori, más bien poco a los tres nombres que la historia asocia al desarrollo de los fraudes de tipo piramidal en los siglos XX y XXI: William F. Miller, a quien se considera su inventor en 1899 en EE UU ofreciendo a sus incautos inversores intereses de hasta el 520%; Carlo Ponzi, quien de alguna forma patentó estas estafas a nivel internacional en 1919 prometiendo ganancias trimestrales del 100%; y Bernard Madoff, quien llegó a estafar 50.000 millones de dólares hasta que su engaño se descubrió a finales de 2008.
Sin embargo, a Cardona hace años que se le conoce como el Madoff español y ayer fue condenado por la Audiencia Nacional a 13 años y tres meses de cárcel —en la línea de las penas ya impuestas en otros negocios piramidales como Gescartera (11 años) y Afinsa (12 años)— por una estafa que, aunque modesta en sus inicios, terminó pareciéndose bastante a las de sus antecesores. En su caso, consiguió apropiarse de un total de 368 millones de euros (al cambio actual) pertenecientes a 180.000 personas y en solo tres años.
En el período que va de 2007 a 2010 llegó a captar prácticamente 391 millones de dólares en hasta 110 países distintos, fundamentalmente en Colombia, Estados Unidos, Panamá y España. Lo que todavía sorprende a los policías que le vigilaron durante meses hasta su detención en marzo de 2011 fue como este, en apariencia, modesto autónomo dedicado a la telefonía móvil (tenía una tienda en Cuarte de Huerva, un pequeño municipio cercano a Zaragoza) pudo dar un salto tan grande.
La explicación no es simple, puesto que mezcla el uso de Internet y las redes sociales, mucha labia e inventiva, saber jugar con la avaricia humana y, obviamente, un punto de fortuna. Porque cuando Cardona, al que los agentes también bautizaron como Mini Madoff, empezó a operar en el mercado Forex (donde se hacen compraventas de divisas a nivel mundial) en marzo de 2007 a través de una pequeña sucursal bancaria de Zaragoza aún no sospechaba hasta dónde llegaría.
Usó un ‘broker’ de EE UU para aumentar sus inversiones y en cuestión de meses se multiplicaron. Empezó ayudándole su anterior pareja, Marta Vallejo —absuelta en el juicio— y también un informático que operaba desde Argentina. Poco más. Con un don de gentes sorprendente y una publicidad tan «agresiva» como «engañosa» logró que la pirámide del dinero no dejara de crecer. No tuvo reparo en inventarse una cúpula directiva ficticia para la compañía Evolution Market Group (EMG), la matriz de todo el fraude y que él mismo constituyó en enero de 2008 en Panamá, considerada entonces uno de los principales paraísos fiscales del mundo. De ese entramado colgaría luego la sociedad Finanzas Forex, con la que operaba en el mercado de divisas por Internet y simulaba un negocio ‘oficial’