Dimite el último consejero delegado de la era Ángel Ron
j. m. camarero | madrid
El liderazgo de Pedro Larena, el último consejero delegado de la era de Ángel Ron al frente de Banco Popular, ha durado apenas ocho meses desde que se anunciara su nombramiento; medio año desde que asumiera el cargo; y apenas 43 días desde que Emilio Saracho fuera nombrado presidente de la entidad en sustitución de Ron. El ejecutivo anunció ayer su dimisión «por motivos personales», según indicaba el hecho relevante remitido a la CNMV por la corporación. Aunque fuentes del sector indican que su salida era inevitable tras la llegada del nuevo presidente y el grupo de directivos que le acompañarán para afrontar esta nueva etapa.
Con la llegada de Saracho, se han incorporado figuras como Miguel Escrig, director general adjunto a la presidencia desde el 8 de marzo. Su designación habría relegado parte de las funciones de Larena como consejero delegado, lo que habría supuesto el detonante de su salida del banco. Escrig procedía de Telefónica, donde fue el responsable financiero, aunque había trabajado con Saracho en la firma de inversión JP Morgan.
Parte del sector había asumido ya que Larena tenía los días contados en Popular después de que se materializara la salida del presidente que le nombró, Ángel Ron, el 3 de febrero, tras reconocer unas pérdidas cercanas a los 3.500 millones en 2016. El todavía consejero delegado -se mantendrá en el cargo hasta el nombramiento de su sustituto, según aclaró ayer el banco- llegó a la entidad apuntando que Popular era «un bancazo», para insuflar confianza ante la debilidad de un grupo que acababa de completar una ampliación de capital por 2.500 millones.
En su breve estancia al frente del banco, Larena ha hecho frente a la liquidación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE), que se dejó casi 2.600 puestos de trabajo por el camino. Además, ha tenido que capear el montante de activos tóxicos que lastran el balance, y de los que pretendía despojarse de 6.000 millones a través de Sunrise, una nueva sociedad que los aglutinaría. Se trata de una cuestión que aún no está resuelta.