Rato imitó a los Ruiz-Mateos con un sistema empresarial de «caja única»
Hacienda estima que su fin era «disimular» negocios reales para construir otros ficticios.
El expresidente de Caja Madrid Rodrigo Rato. EMILIO NARANJO
José Antonio Bravo | Madrid
Rodrigo Rato, pese a llegar a ser todopoderoso vicepresidente económico del Gobierno en la primera mayoría absoluta del PP —con José María Aznar de presidente a principios de este siglo—, terminó imitando el funcionamiento de «caja única» de uno de los grupos empresariales más polémicos del país, Nueva Rumasa (sucesora del antiguo emporio de la emblemática abeja), y de los métodos rancios de la familia Ruiz-Mateos que han terminado llevando al banquillo a los hijos del empresario jerezano ya fallecido por delitos como estafa, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes.
Uno de ellos, el blanqueo, también se le atribuye al expolítico metido a financiero —tras dejar la cartera de Economía llegó a dirigir el FMI para luego presidir Caja Madrid y finalmente Bankia— por parte del titular del Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid, quien investiga a cuánto asciende realmente su patrimonio y si ha ocultado parte. Tras sus primeras pesquisas, la Agencia Tributaria estableció que controla junto a «su entorno» un «mínimo» de 26,6 millones de euros, y en sus conclusiones provisionales determinó en febrero que había dejado de declarar más de 14 millones entre 2004 y 2015, lo que supondría un fraude de hasta 6,8 millones.
Para lograr esa ocultación sacó provecho del complejo entramado societario que llegó a crear, con una veintena de empresas en España y otra decena fuera, aunque buena parte eran instrumentales y «han carecido de sustancia económica», según la Oficina Nacional de Investigación del Fraude (Onif). Su fin principal, según ella, era «velar, ocultar u opacar la identidad de su beneficiario efectivo con el objetivo de perjudicar a la Hacienda Pública». Así pasó, por ejemplo, con Cor Comunicación y otras cuatro firmas (Viajes Ibermar, Total Congress XXI, Muinmo y Rueda Emisoras), con las que facturó 82,96 millones a una docena de empresas que fueron privatizadas (o culminado ese proceso) cuando era ministro de Economía. De hecho, mientras ejerció ese cargo llegó a percibir casi el 35% de ese montante a través de aquellas.
Las firmas citadas, al igual que otras de su entramado, actuaban bajo la forma de «gestión conjunta». «Una auténtica co-gestión de las decisiones —subraya la Onif— acerca del personal, de las nóminas, de la tesorería, de las facturas internas, de los resultados conjuntos, de las oficinas, de los gastos de funcionamiento, etcétera». «Los movimientos —añade— no dejan lugar a la más mínima duda de que son la misma unidad de decisión» ejercida por los hermanos Rato-Figaredo.
«Ellos tomaban las decisiones relevantes, decidían dónde se ingresaba el dinero y dónde se transfería», subrayan los inspectores del fisco que han revisado la vasta documentación contable que obra en el llamado caso Rato.