La Eurozona, ante un gran baile de sillas
Ocurrió a comienzos de 2012, en Davos. El Gobierno de Mariano Rajoy apenas llevaba unas semanas en el cargo y el ministro de Economía, Luis de Guindos, acudía a su primer gran foro internacional con España a los pies de los caballos de los mercados. Y allí, en un aparte, Schauble, disparó: Id despidiéndoos del BCE. ¿Pero no se suponía que Alemania, Francia, Italia y España, los cuatro grandes, siempre ocuparían cuatro de los seis puestos del comité ejecutivo? Se suponía, sí.
«La primera, en la frente», como confiesa De Guindos en su reciente libro ‘España amenazada’. «El problema no fue el candidato, se lo puedo asegurar. Fue otro completamente distinto. Los alemanes ya tenían una decisión tomada al respecto», recordó a este medio en una entrevista reciente.
«Creo que todavía no he llegado a encajar esta decisión, pero dos años después Schauble me garantizó que la primera vacante para el BCE sería para España», asegura el ministro.
Los nubarrones se han instalado en el horizonte para De Guindos, un ministro de enorme proyección que siempre ha tenido como ambición Europa, un club donde está muy bien considerado al ser, junto a Schauble, uno de los grandes supervivientes del Eurogrupo. Es el segundo más veterano tras el alemán. Lo intentó en 2014 con la presidencia del mismo, que al final se llevó el holandés Jeroen Dijsselbloem (la partida diplomática de España dejó bastante que desear); y ahora, suena con fuerza para el BCE. Así como asegura de forma tajante que «no es candidato al Eurogrupo», elude pronunciarse cuando es interpelado por su futuro en Fráncfort.
Sea como fuere, la Eurozona se encuentra a las puertas de otro gran baile de sillas en el que Mariano Rajoy, esta vez, no puede fallar. Se habla incluso de la creación de un nuevo superministro de Finanzas europeo, de que hay que renovar el Banco Europeo de Inversiones y también el Eurogrupo… Pero la ‘operación retorno a la cúpula económica de la UE’ pasa fundamentalmente por el BCE, sí o sí.