El Corte Inglés aparca la reinvención de su negocio por la pugna accionarial
El modelo comercial resiste, pero necesita adaptarse a una nueva realidad de consumo.

El presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno. J.J.GUILLEN
José María Camarero | Madrid
Hubo una época dorada en la que tener un centro de El Corte Inglés daba caché —y empleo y actividad económica— a cualquiera de las capitales de provincias o grandes municipios donde la firma del triángulo verde se instalaba. Ahora, esos mismos establecimientos, ubicados en barrios estratégicos, también están llamados a convertirse en verdaderos centros de envío de las compras que los clientes de la cadena de distribución realizan por Internet. Ese es uno de los grandes retos que la corporación tiene por delante en lo que el aún presidente del grupo, Dimas Gimeno, había calificado como «el salto histórico» que debe dar la empresa para adaptarse a la nueva realidad comercial. Sin embargo, en medio de este proceso de reinvención al que el modelo de negocio de El Corte Inglés está abocado se han colado las luchas de las familias propietarias por hacerse con las riendas de la firma. Todo el foco de atención se encuentra dirigido hacia los diez miembros del consejo de administración, dejando temporalmente de lado las grandes decisiones que merece la estrategia de la cadena, cuyo principal enemigo está más allá de las puertas de sus grandes almacenes. Se llama Amazon. O Aliexpress.
Pero en la lista de espera aguardan otras muchas tareas ensombrecidas por la pugna accionarial. El Corte Inglés necesita aprovechar al máximo la amplia base de datos de sus clientes —su financiera es una de las principales entidades de crédito al consumo de España— para conocer sus preferencias, como ya están haciendo otras grandes marcas de distribución.
Para alcanzar todos estos objetivos es necesaria la fortaleza de una presidencia que desatasque las luchas accionariales y trabaje en la misma dirección. El reto no es baladí. El modelo comercial de El Corte Inglés resiste, pero necesita adaptarse a una nueva realidad que demandan los consumidores. La cadena, analizando «caso por caso» cómo adaptarse a esta realidad y a la espera de los movimientos en su dirección ejecutiva