Rato: de la alfombra roja a la celda
El que fuese vicepresidente del Gobierno con el PP y director del FMI ingresa en prisión para cumplir condena por las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid «Pido perdón a la sociedad», dijo al entrar.
Rodrigo Rato con dos grandes bolsas a su ingreso en la prisión de Soto del Real. VÍCTOR LERENA
J. camarero/sáiz pardo | madrid
Los 80 metros de explanada que separan el aparcamiento de la prisión de Soto del Real de las puertas de esa cárcel y que ayer jueves a mediodía caminó Rodrigo Rato -en solitario y acarreando dos grandes bolsas- fueron los más difíciles de recorrer de sus 69 años, siete meses y siete días de vida. Porque el ya presidiario llegó a ser uno de los hombres más poderosos no sólo de España (vicepresidente del gobierno de Aznar), sino incluso del mundo en su calidad de director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre mayo de 2004 y junio de 2007, que el protocolo equipara a la categoría de un jefe de Estado.
Nunca cejó en defender su inocencia y lo hizo en un tono a veces tan bronco que le llevó a enfrentarse dialécticamente con varios diputados del Congreso. Había hecho lo correcto, decía. No erró -argumentaba- en la gestión de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid, reconvertida en Bankia. Hasta ayer jueves. Cuando se encontraba a la sombra de la fachada de la prisión de Soto del Real (Madrid), Rodrigo Rato dio un giro de 180 grados a su estrategia de defensa y se disculpó públicamente.
Minutos antes del ingreso, ante los medios de comunicación, el que fuera responsable económico del Ejecutivo entre 1996 y 2004 lanzó su alegato. «Pido perdón a la sociedad y las personas que se hayan podido sentir decepcionadas o afectadas», afirmó respecto a su gestión al frente de la entidad. «Asumo los errores que haya podido cometer», prosiguió. Y aclaró que acepta sus obligaciones con la sociedad, en alusión a la pena de cuatro años y medio de cárcel por apropiación indebida.
El que fuera vicepresidente del Gobierno con José María Aznar ha pasado su primera noche entre rejas. Parecía que Rato tenía asumido desde hace días cuál iba a ser su destino a medio plazo. La entrada a prisión no fue ocultada a los medios, ni lo hizo con nocturnidad, ni con la cara tapada, sorteando una imagen pública degradada por esa circunstancia. Lo hizo ante la prensa, e incluso visiblemente tranquilo. El ingreso de Rato se produce después de que la Audiencia Nacional desatendiera su escrito de suspensión al considerar que el Tribunal Constitucional es el órgano competente para decidir si lo excarcela al amparo del recurso que presentará antes de finales de noviembre.
Pedir perdón y asumir la apropiación indebida -el delito por el que ha entrado en la cárcel- sería el paso previo a solicitar un hipotético indulto, ya que se requieren estas dos condiciones previas. Habrá que ver cuál es la estrategia que lleva el exministro para salir cuanto antes de la cárcel más allá de hacerlo a través de los permisos de los que gozan todos los presos. Solo se recuerda un ejemplo de arrepentimiento similar cuando el expresidente de Baleares Jaume Matas pidió perdón al ir a la cárcel. Fuentes internas de la prisión explicaron a este diario que Rato se comportó este jueves «extremadamente cordial» e incluso indican que «aparece bastante animado». Al parecer, se interesó por el folleto que les entregan con las instrucciones de cómo funciona el centro, un texto que Interior entrega a los que técnicamente se denomina presos ‘primarios’.
Primera ‘salida’, en un mes
El exministro eligió esta prisión para favorecer sus futuros desplazamientos a la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares (Madrid), donde el 26 de noviembre comienza el juicio por la salida a Bolsa de Bankia. Es su próxima cita con la justicia: dentro de un mes podrá realizar su primera salida para sentarse de nuevo en el banquillo. El juez le imputa los delitos de estafa a inversores y falsedad en las cuentas de 2010 y 2011, con las que se presentó para convencer al accionista del salto al parqué de la entidad.