El abandono bancario se ceba con los clientes que menos usan internet

No hay ni rastro de sucursales en más de la mitad de los pueblos del territorio nacional .

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León

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JOSÉ m. CAMARERO | mADRID

Cuando el pasado 29 de noviembre la Seguridad Social abonó la pensión mensual de jubilación, más la paga extra de fin de año, centenares de miles de perceptores no pudieron actualizar su cartilla de ahorro ni retirar el dinero en efectivo para iniciar holgadamente este mes navideño. Tuvieron que trasladarse a otro municipio cercano donde su banco tenía abierta una sucursal; dispusiera de un cajero; o directamente esperar a que el ‘ofibus’ se acerque en los próximos días a su localidad. Esa esa la realidad bancaria a la que se han tenido que acostumbrar a vivir en 4.244 localidades de toda España. Porque en el 52,2% de los pueblos no hay rastro de bancos. En plena época digital, este problema de abandono no sería grave si no fuera porque en esos municipios excluidos financieramente del sistema residen precisamente los segmentos de población menos habituados no ya a operar con internet, sino simplemente a tener un acceso habitual y fluido a la red.

Doblemente abandonados

La proliferación de las aplicaciones bancarias que permiten ver los movimientos de las cuentas, realizar transferencias o gestionar un recibo, no es precisamente la vía en la que los clientes bancarios de mayor edad están acostumbrados a vivir: se encuentran doblemente abandonados sin sucursal ni un acceso habitual a los portales de sus respectivas entidades financieras. Apenas un 7,5% de los usuarios bancarios con más de 60 años es exclusivamente digital; un 21,6% intercala el uso de las redes con el trato habitual en las oficinas; pero es un 71% el que solo se relaciona con su banco a través de la ventanilla, según las últimas estadísticas del Observatorio del IEB de 2017. Estos datos contrastan con los que revelan que un tercio de los menores de 40 años no pisa la oficina de su entidad financiera casi nunca. Unos —los jubilados— son los que habitualmente residen en los pueblos pequeños, donde cada vez se cierran más sucursales; y otros —los jóvenes trabajadores— viven en medianas o grandes urbes, donde la exclusión financiera es mínima.

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A pesar de estos contrastes, la estrategia de toda la banca pasa por fomentar el uso de sus portales de internet y de ir cerrando poco a poco oficinas. Y lo hacen allí donde es menos rentable.