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León

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El FMI pone a Suecia como un buen ejemplo, ya que ha subido su impuesto al carbono a 127 dólares por tonelada, lo que le ha llevado a reducir sus emisiones un 25% desde 1995 a pesar de haber expandido su economía un 75% desde entonces. También considera efectivo el impuesto sobre los gases fluorados (los que emiten refrigerantes, espumas, aerosoles o extintores de incendio) de entre 5 y 40 dólares por tonelada que han introducido países como España, Noruega o Polonia.

En el artículo, el FMI entiende que los países pueden ser «reacios» a comprometerse a cobrar más por el CO2 emitido porque consideren que el mayor coste de la energía puede mermar la competitividad de sus industrias. Por ello, el organismo insta a abordar estos problemas con un acuerdo sobre un precio mínimo del carbono en los países con altos niveles de emisiones y que el impuesto fuera «equitativo» en función de la economía de cada nación.

Así, un precio mínimo de entre 50 y 25 dólares por tonelada de CO2 emitida en 2030 para los países avanzados y en desarrollo del G20, respectivamente, reduciría las emisiones un 100% más que los compromisos actuales del Acuerdo de París sobre cambio climático firmado en 2015, calcula el organismo.

«Este dinero ayudaría a salvar a más de 700.000 personas que mueren al año por la contaminación del aire en el mundo», explica el artículo, además de contener el calentamiento global futuro, según lo acordado por la comunidad internacional.

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