Diario de León

OPINIÓN Julia Navarro

El Gobierno ni se inmuta

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El Gobierno no tomó nota de lo que los ciudadanos de este país manifestaron el pasado 20 de junio en la huelga general. Así que el tristemente famoso «decretazo» continúa adelante, y sus señorías de la oposición han visto sus enmiendas a la totalidad rechazadas por el «rodillo» del PP en el Parlamento. Insensibles a cualquier argumento, El Gobierno se mantiene en sus trece, ni se inmuta, y lleva adelante el recorte de derechos y prestaciones sociales. O sea que los trabajadores de este país pueden ir perdiendo la esperanza porque los recortes de sus derechos son ya un hecho consumado. Eduardo Zaplana llegó tarde al debate. El nuevo titular del ministerio de Trabajo, al decir de la oposición, es aún más duro y de derechas que lo fuera su antecesor en el cargo, el ex ministro Aparicio. Jordi Sevilla resumió así el espíritu del decretazo: «ustedes -le dijo al Gobierno- han querido expulsar a la gente del cobro del desempleo». Lo cierto es que el decretazo lo que hace es reducir el gasto social y los derechos de los trabajadores, desregulando el mercado laboral, y como dijo Antero Ruiz, de IU, los efectos de la ley ya se están notando porque hay un deterioro creciente en la calidad del empleo. El PP se quedó solo, pero a los populares eso les importa poco. No contaron en esta ocasión ni siquiera con el apoyo de CiU y Coalición Canaria, que optaron por la abstención, y los ministros sentados en los bancos azules escucharon que se les avecina un otoño caliente. Tampoco modificaron el gesto. La política popular es la de hacer sin escuchar. No escuchan a la calle, no escuchan a la Cámara, y no hacen caso siquiera a las encuestas del CIS. Vivimos días de vacas flacas, y el que el Gobierno introduzca aún más inseguridad en el marco laboral de los ciudadanos, es cuando menos preocupante. El empleo es cada vez más precario, y los derechos de los trabajadores han ido menguando desde que gobierna el PP, lo mismo que las prestaciones. Con este panorama y el empeño de Aznar y los suyos de hacer oídos sordos a los trabajadores, no es difícil prever que efectivamente aquella luna de miel que vivieron Gobierno y sindicatos, está definitivamente acabada y que van a la confrontación dura y pura. Con este decreto el Gobierno enseña la cara que siempre ha querido mantener oculta y maquillada, la de la derecha que es y representa. Ni más ni menos.

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