La hora de la verdad del hidrógeno
El sector ajusta sus inversiones y criba proyectos para demostrar que puede ser rentable. Prometía descarbonizar la industria pesada, el transporte y reforzar la soberanía energética
Una planta de hidrógeno verde.
Durante años fue presentado como el nuevo ‘santo grial’ de la transición energética. El hidrógeno verde —producido mediante electrólisis del agua con electricidad renovable— prometía descarbonizar la industria pesada, el transporte y parte del sistema energético europeo. El ‘boom’ llegó en 2020 con el impulso político y financiero desde Bruselas con el fondo de recuperación pospandemia en plena crisis económica y se aceleró con los precios de los combustibles fósiles tensionando a empresas y hogares por la guerra de Ucrania. El resultado: una avalancha de gigavatios proyectados, consorcios industriales y planes para convertir a España en exportador energético hacia el centro del continente.
El Gobierno elevó a 12 gigavatios (GW) el objetivo de electrolizadores instalados para 2030, tres veces más de lo previsto en 2020 en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). Según estimaciones sectoriales, lograr esa meta permitiría sustituir hasta un 12%-14% del gas natural que se utiliza hoy, reduciendo vulnerabilidades externas. Un porcentaje que no es baladí teniendo en cuenta que la tensión geopolítica en Oriente Medio está reactivando al alza los precios de la energía y presionando a Europa a reforzar su autonomía energética para reducir su dependencia del gas.
Sin embargo, los números y el mercado han empezado a confirmar que la lluvia de millones prometidos y las metas propuestas no terminan de cuadrar. En contraste con las grandes apuestas de Enagás —que con el aval del Ejecutivo está desarrollando ambiciosos proyectos como el corredor H2Med— y de Moeve —que acaba de anunciar una inversión de más de 1.000 millones de euros para iniciar su megaproyecto del Valle Andaluz-, el sector se encuentra en una fase distinta en la que las grandes energéticas hacen cuentas para ajustar las expectativas a la rentabilidad económica. Repsol —que actualizará su plan estratégico el próximo miércoles— canceló el verano pasado el proyecto de su planta en Puertollano (Ciudad Real) por «inviable».
La estrategia actual de Naturgy, que no ve a esta tecnología lo suficientemente desarrollada como para entrar en el mix energético, está pivotando ahora hacia el biometano, mientras que Endesa y Acciona mantienen una posición prudente y escéptica sobre esta solución renovable en el corto plazo.
«Es más caro que el hidrógeno gris y los posibles demandantes de hidrógeno verde por ahora no están ahí», defendió la semana pasada el CEO de Acciona, José Manuel Entrecanales, en un encuentro telemático con periodistas.
¿Fin de la burbuja? La cuestión de si ha estallado la burbuja lleva ya un tiempo sobrevolando el sector. Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), niega la mayor. «Lo que estamos viendo no es un pinchazo, sino una maduración», explica a este periódico. Esta entidad, que cuenta con 400 socios a lo largo de toda la cadena de valor —producción, transporte, distribución, almacenamiento y uso de hidrógeno— lleva realizando desde 2023 un censo de proyectos y celebra la próxima semana en Sevilla el Congreso europeo del hidrógeno.
Según su registro, España cuenta con 399 proyectos vinculados en distintas fases de desarrollo: 124 proyectos de investigación, 125 demostradores y 145 comerciales con datos de octubre de 2025.
«Entre 2024 y 2025 el número global de proyectos ha descendido, pero si sacas la lupa y miras dónde, ves que han aumentado los proyectos en funcionamiento y van muriendo los proyectos que no tienen sentido. Esto es una señal de que el sector va evolucionando y se va haciendo más maduro», argumenta Brey.
Hasta la fecha el hidrógeno ha recibido unos 3.500 millones de euros en subvenciones. «Por cada euro que pone el Gobierno, la empresa privada pone dos. Estamos hablando de unos 10.000 millones de capital público-privado movilizados", añade.
Los hitos más importantes en el ámbito de la financiación hasta la fecha han sido los IPCE —Proyectos Importantes de Interés Común Europeo-, que han contribuido a desarrollar esa cadena de valor de hidrógeno de capacidades, desarrollo de tecnología, transferencia de tecnologías, etc.; las subastas de hidrógeno y las convocatorias de Pioneros, Cadenas de valor y el Programa de Valles de Hidrógeno. Si bien desde AeH2 admiten que alcanzar en cuatro años ese objetivo de 12 GW puede ser una quimera, confían en que se llegue a 2030 con 8 GW instalados.
«El gas natural tardó décadas en desarrollarse plenamente en España. Pretender que el hidrógeno lo haga en cinco años no es realista", zanja Brey.