Diario de León

La complicación de la guerra impone un sesgo defensivo en las carteras

El dinero busca refugio en energía, ve oportunidades en defensa y huye del turismo y la banca

La Bolsa española ha cerrado con una subida del 1,04 %.

La Bolsa española ha cerrado con una subida del 1,04 %.altea tejido sánchez

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Agencias
Madrid

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En el último mes, la tensión en Oriente Medio y su capacidad para sacudir el precio del petróleo y el gas ha alterado el pulso de los parqués. Cada parte de guerra estadounidense en boca del presidente Donald Trump está generando una alta volatilidad por la incertidumbre de si la contienda será breve —con una reapertura de Ormuz sin graves consecuencias para la economía— o un enfrentamiento largo que acabe provocando una crisis inflacionaria global. Los inversores, en su vocación de adelantarse a las eventualidades ajenas a la pura lógica del mercado, están reordenando sus carteras a partir de la información, muchas veces contradictoria, que llega de Washington y Teherán. En un lado de la balanza se sitúan los sectores que pueden salir beneficiados en función de los escenarios que se barajan —bien por las subidas que ya están protagonizando o por la oportunidad que sus caídas han abierto-, como la defensa, las petroleras y las renovables. En el otro, el turismo, los semiconductores, las automovilísticas y los bancos aparecen peor retratados en la foto. Los expertos, en cualquier caso, recomiendan extremar la prudencia a la hora de tomar decisiones sobre un conflicto para el que no existe visibilidad a corto plazo. «Como resultado, el liderazgo del mercado se ha vuelto más defensivo: los segmentos sensibles a los tipos de interés y los cíclicos están bajo presión, mientras que las exposiciones vinculadas a la energía y los valores defensivos tradicionales siguen mostrando una relativa resistencia», explican desde Julius Baer.

Mayores precios del crudo suelen traducirse en mayores márgenes y beneficios. Por ello, en contextos de tensión geopolítica como el actual, el sector energético —y especialmente las petroleras— tiende a comportarse mejor que el conjunto del mercado. En este escenario, Repsol afronta la crisis desde una posición especialmente sólida. En su plan estratégico hasta 2028, presentado recientemente, la compañía liderada por Josu Jon Imaz contempla como escenario base un precio del barril en torno a los 65 dólares, lo que permitiría reforzar la retribución al accionista, aumentar la producción y mejorar la rentabilidad, manteniendo además una política de inversión más contenida. El mercado ha respaldado este enfoque: la energética, sin exposición directa a la zona atacada, acumula una subida cercana al 27% —niveles no vistos en quince años-, superando con claridad a otros grandes grupos del sector como BP (23%), Eni (22%), Total Energies (17%) o Shell (15%).

Históricamente el sector de Defensa suele beneficiarse de los momentos de tensión geopolítica, pero, por ahora, las cotizaciones de las grandes compañías —que ya acumulaban notables subidas en Bolsa— no están recogiendo plenamente las expectativas de un aumento del gasto militar derivado de la inestabilidad en Irán. Si se observa la evolución bursátil en las últimas cuatro semanas de conflicto, el comportamiento ha sido desigual: la española Indra es la más castigada con un descenso del 28%, seguida de la alemana Rheinmetall, que cae un 17%; la francesa Airbus, con un retroceso del 13%; y la estadounidense Lockheed Martin, que pierde un 6%. Se desmarca de este grupo la italiana Leonardo, que pierde un 0,3% y acumula un alza anual de doble dígito en zona de máximos históricos. Pese a este comportamiento reciente, los analistas insisten en que el compromiso de los gobiernos con la OTAN de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB seguirá siendo un viento de cola. «Creemos que el cambio en marcha tiene carácter estructural y que el sector ofrece buenas perspectivas para los próximos años», señalan desde Bankinter en su estrategia de inversión para el segundo trimestre.

Indra, el farolillo rojo de la defensa castigado por los líos políticos

Indra ha vivido una de las semanas más reveladoras de su historia reciente: mientras firmaba el mayor contrato de artillería de su trayectoria, perdía cerca de 2.300 millones de euros en Bolsa en apenas siete días. Esta paradoja resume el momento actual de la compañía: una potencia industrial en expansión frente a una crisis de gobernanza que ha erosionado la confianza del mercado. La cotizada acumula una caída cercana al 28% desde finales de febrero, pasando de 62,75 a 45 euros por acción. Sin embargo, este desplome no responde a un deterioro de sus fundamentales. Al contrario, Indra venía de un ciclo de fuerte crecimiento, con resultados por encima de previsiones, aumento del dividendo y una cartera de pedidos en máximos. El problema es otro: la incertidumbre sobre quién controla la compañía y bajo qué reglas. El origen de la crisis se sitúa en el enfrentamiento entre el presidente, Ángel Escribano, y el principal accionista, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que posee cerca del 28% del capital. La tensión estalló tras las dudas del Gobierno sobre un posible conflicto de interés en la operación para integrar EM&E, empresa vinculada a la familia del presidente y de uno de sus consejeros. La retirada de la operación no ha cerrado la crisis, sino que ha evidenciado una fractura profunda en el consejo y ha abierto un pulso político que sigue sin resolverse. El mercado reaccionó con rapidez. Indra llegó a caer un 21,85% en solo siete sesiones, reflejando el temor a un escenario de inestabilidad prolongada, posibles cambios en la cúpula y bloqueo estratégico. Todo ello en un momento especialmente sensible, ya que la compañía es uno de los principales instrumentos industriales del rearme español y depende en gran medida de contratos públicos.
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