El boom de los coches chinos dispara el déficit comercial de España con Pekín

Un grupo de personas en una cafetería observan el paso de barcos de carga por el río Huangpu, en Shanghái.
La visita de Pedro Sánchez a Pekín esta semana tiene una urgente derivada económica. Mientras España agranda sus diferencias con Donald Trump y se acerca a Xi Jinping, los datos comerciales no reflejan esta buena sintonía pese a que se trata del cuarto viaje del presidente al gigante asiático en cuatro años. China se consolidó en 2025 como el segundo proveedor de bienes a España —antes de la pandemia ocupaba la tercera posición— y amenaza con arrebatar este año la primera posición a Alemania. ¿Cuál es el problema de esta relación comercial? Que mientras que el 11% de nuestras importaciones (50.250 millones de euros) proceden de este mercado, solo el 2% de las ventas españolas (7.972 millones) tienen como destino China. Es decir, un gran agujero de 42.000 millones en favor del país asiático que se ha duplicado en menos de una década. El déficit está en que en los últimos años España ya no solo adquiere en el gigante asiático productos textiles, zapatos o juguetes, sino que ha incrementado las compras en partidas como equipos de oficina, bienes de equipo y tecnología de alto valor añadido como maquinaria y automoción. En el caso concreto de los coches y motos, las importaciones han crecido un 25% en la última década. Y ha sido entre 2021 y 2025 cuando las compras han pasado de representar poco más de 400 millones a superar los 3.000 millones. Dominio de BYD Los datos de la industria automovilística china han pasado en muy poco tiempo de la mera promesa a la realidad. Los fabricantes de este país alcanzaron un nuevo récord histórico de ingresos el año pasado. Según el análisis de EY sobre los mayores fabricantes del sector del mundo, sus ingresos conjuntos crecieron un 7% en el tercer trimestre de 2025 respecto al mismo periodo del año anterior, superando los 41.300 millones de euros. Las ventas totales de las marcas chinas aumentaron un 13% a nivel global. Individualmente, destacaron por encima de todos los demás competidores: Geely —un 43% más en todo el mundo— seguido de cerca por Great Wall Motor, con un incremento del 20%. Una buena muestra de ello es el desembarco de coches eléctricos de marcas chinas como BYD o MG en nuestras carreteras, mientras que la cesta de exportación española sigue anclada en sectores primarios y productos químicos. Para reducir ese gran déficit comercial que el propio Sánchez ha calificado de «insostenible» en su viaje, España tiene por delante la misión no solo de atraer inversión en sectores punteros como la automoción, la energía, o las telecomunicaciones, sino también hacer hueco en China a los productores españoles donde la industria agraria es clave.