El descenso de beneficios de las empresas incide en las inversiones en nuevo equipamiento
El panorama empresarial que pinta el director general del Banco de España tampoco es positivo. Las compañías, que continúan presentado unos buenos resultados y alta rentabilidad en su negocio «ordinario», hace mucho que no invierten en nuevo equipamiento. La principal causa reside en la desaceleración continuada de la industria, principal demandante de bienes de equipo. Además, las empresas llevan dos años de beneficios descendentes. Las principales causas son los gastos extraordinarios que han tenido que realizar en provisiones, las pérdidas de capital generadas por la crisis latinoamericana, el fracaso de ciertas inversiones en el área de las telecomunicaciones, las crisis del sector de las nuevas tecnologías y las correcciones bursátiles. El parón industrial, la caída generalizada de beneficios y sus motivaciones actúan como un freno a la inversiones en equipo, en un contexto de gran incertidumbre agudizado por el aumento de las primas exigidas por el mercado para obtener financiación externa y por el elevado endeudamiento en que también han incurrido las empresas. En estas condiciones-concluye Malo de Molinae en su exposición-, es probable que la respuesta de la inversión en bienes de equipo, cuando se despejen las incertidumbres «pueda ser más vacilante y retrasada de lo habitual». La pérdida de competitividad es otra amenaza. Desde el inicio de la Unión Monetaria las exportaciones españolas han mantenido en general cuotas de mercado, pero esa evolución no se sostiene de forma indefinida con persistentes diferenciales negativos tanto en los precios de consumo como en los costes laborales. En inflación, España ha acumulado en este plazo cinco puntos de aumento de precios respecto a la zona euro y siete con relación a Alemania y Francia, los países que representan un tercio del total de nuestras ventas al exterior y son indicadores de bonanza.