El futuro del campo español dependerá de los acuerdos a los que se llegue para las ayudas
España entra en la semana definitiva para la negociación de la PAC
La reforma supone la desaparición de miles de hectáreas de producción agraria
El campo español sufrirá gravemente la entrada de la reforma de la política agraria de la UE
España se enfrenta la semana que viene a una de las negociaciones comunitarias más duras de los últimos años, el cambio de Política Agraria Común (PAC) que la Comisión Europea propone y que puede suponer un cambio trascendental en el futuro de los agricultores y ganaderos. El planteamiento central del comisario Franz Fischler, aprobado por la Comisión, incluye tres medidas técnicas para el nuevo reparto de las subvenciones del campo -desacoplamiento, regresividad y modulación-, que pueden suponer la desaparición de miles de hectáreas de producción agraria y ganadera española de bajo rendimiento, y el trasvase de algunas partidas a las producciones continentales más rentables de los países del norte. Fischler insiste en que España, en totalidad, recibiría incluso más dinero al año a corto y medio plazo, que debería destinar a potenciar el desarrollo rural y la cohesión social del campo. Y es cierto, pero el coste es un recorte de ayudas directas y estructurales a la producción extensiva poco rentable que domina en nuestro país, para pagar unos derechos históricos desvinculados de la producción a agricultores y ganaderos son obligación de trabajar, y otras políticas de desarrollo rural que darían al traste con la actual estructura y funcionamiento del sector. Las cifras que maneja el ministro español, Miguel Arias Cañete, están muy claras y han sido muy estudiadas en el año que se lleva analizando la propuesta de Fischler: España recibiría hasta 2013 unos 1.965 millones de euros más al año en ayudas directas y estructurales (primer pilar), y otros 274 en desarrollo rural y cohesión social (segundo pilar) en 2012, de forma progresiva cada año. Pero ese cambio de reglas del juego, supondría perder casi la cuarta parte de sus producciones básicas de menor rendimiento: el 22,7% de las extensión de cereales de secano (unas 1.700 hectáreas entre Castilla-La Mancha, Extremadura y Aragón), y cerrar el 22,85% de las explotaciones de ovino y caprino, y el 29,77 de las de vacuno. Alternativas El llamado «descoplamiento» o desvinculación de las ayudas directas a la producción de un determinado producto y rendimiento, puede hacer que muchos agricultores abandonen su actividad, dado que recibirían una cantidad muy similar a la actual, en base a unos derechos históricos, sin tener que justificarla con un cultivo determinado. Se produciría además una deslocalización de producciones, pues se podría destinar la superficie de cereal poco rentable a otros cultivos y, con ello, desequilibrar oferta y precios en los mercados mayoristas. La regresividad sería mucho más perjudicial para España, pues supone recortar parte de las ayudas directas que reciben ciertas producciones para financiar las «ordenaciones de mercado» (OCM) de otros productos.