Diario de León
Publicado por
MANUEL PORTELA
León

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EN TODA EUROPA la inflación medida por el IPC evoluciona condicionada por un lado por la fuerte desaceleración económica y, por otra, por el precio del crudo. En realidad en todos los sitios han afectado los mismos factores transitorios, las rebajas de ropa y calzado, los menores precios en la industria hotelera, el incremento de las tarifas de los carburantes y el efecto de la climatología sobre los precios de los alimentos frescos. Pero en Francia se reflejaron como una bajada inapreciable en el IPC, mientras que en España produjeron un incremento de una décima de punto. No es correcto decir que el IPC de julio en España se ha reducido. Lo correcto es decir que se ha incrementado ligeramente y algo menos de lo que se esperaba. Es importante insistir en lo que aconsejó ya hace dos años el INE, que «sólo se hiciera caso del dato de variación interanual del IPC». Es cierto que el IPC es una «convención», un acuerdo por el que se considera representativos del consumo medio la composición y ponderación de la «cesta de la compra» que hace el INE. Pero todo el mundo entiende que hay mucha gente afectada directamente, muchas veces al mes, por las subidas de los precios de los alimentos frescos, mientras que es poca la gente a la que afectan, y sólo unas pocas veces, los precios rebajados de la ropa, calzado y menaje. No se puede decir que la inflación ha bajado y, a la vez, ha subido. ¿Qué es lo que el dato de IPC dice que ha sucedido en realidad?. Pues dice que, en julio pasado, la repercusión del fuerte incremento del precio de las carnes de pollo y cerdo (debido a las muertes por el calor) y de los servicios del turismo fue ampliamente compensada por la repercusión de los precios rebajados de vestidos, calzados, muebles y complementos. Por eso la variación mensual del IPC fue de un -0,6%.

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