Los sindicatos, preocupados por los recortes en las políticas industriales
El presupuesto de gastos destinados al fomento de la actividad productiva es uno de los más tocados por el objetivo del déficit cero. De cara a 2004, el año de la entrada de los diez nuevos socios en la Unión Europea, y en momentos delicados para las manufacturas y otros sectores, las políticas de apoyo a la industria son prácticamente las únicas que experimentan un recorte. Las federaciones de los sindicatos mayoritarios no ocultan su preocupación por este descuido del Gobierno. Como revela la memoria económico-financiera que acompaña el proyecto de cuentas públicas para el próximo año, al área de industria y energía se destinan 1.470,48 millones de euros, el 0,8% menos que en el actual ejercicio. En la otra política de gasto que cae, la de subvenciones corrientes al transporte, el retroceso se debe a una lógica reducción de las subvenciones a las autopistas por el seguro de cambio. La concesiones otorgadas a partir de 1998 ya no disfrutan de esta protección. El Gobierno del PP hace buena aquella frase atribuida a un ministro socialista de que «la mejor política industrial es la que no existe», comenta Francisca Sánchez, secretaria general de la Federación de Industrias Afines de UGT. A su juicio, la dejación del Gobierno repercute en una pérdida de peso de esta gran área de producción en el conjunto nacional, y se está manifestando, además, en una serie de sectores que, como el textil o el refino, viven momentos delicados. Convivir con la industria Son problemas de muy distinta índole que afectan a industrias tradicionales y de tecnología media-alta. Junto a los que podrían calificarse como «de imagen» -los municipios y los ciudadanos que los habitan se muestran cada vez más sensibles ante la instalación y funcionamiento de empresas de riesgo-, hay otros derivados de la liberalización y apertura.