El primer ministro se limita a asegurar que ha escuchado el mensaje de los manifestantes
Un millón de franceses desafían a Villepin pidiendo más empleo
Marsella, Toulouse y Burdeos rozaron el caos, en cambio en París se cumplieron los?servicios mínimos

Miles de parisinos marcharon ayer por las calles en defensa del empleo y del poder adquisitivo
Los sindicatos franceses sacaron ayer a más de un millón de ciudadanos a la calle en un primer pulso al Gobierno de Dominique de Villepin «por el empleo y el poder adquisitivo de los salarios». La convocatoria de huelga fue fuertemente secundada en el sector público, en especial en los transportes. Ciudades como Marsella, Burdeos y Toulouse rozaron el caos, mientras en París los servicios mínimos dejaron en gris una jornada que se preveía negra. La estimación de los organiza-dores quedó reducida a menos de la mitad por el cómputo oficial (427.000). Los líderes sindicales pretenden mantener la unidad de acción sin descartar nuevas movilizaciones contra el Gobierno, pero también contra la patronal, a la que acusan de «sacrificar los salarios en aras de los beneficios». Dos de cada tres franceses consideran justificada la protesta y por ello el secretario general de la central mayoritaria, la CGT, Bernard Thibault, anunció que «Gobierno y patronal tienen sólo unos días para demostrar que han escuchado el mensaje». Sin nuevas medidas Al mismo tiempo que unas 150.000 personas se manifestaban en París, Villepin declaró que «había escuchado el mensaje de los franceses», pero sin anunciar medidas añadidas a las ya aprobadas para incrementar las contrataciones temporales, ampliamente criticadas por los sindicatos. En el primer pleno parlamentario tras las vacaciones faltaron todos los diputados comunistas menos uno y la mayoría de los socialistas, que prefirieron apoyar con su pre-sencia las protestas. En la cuarta huelga general convocada en lo que va de año, la primera desde que es primer ministro, Villepin pidió «humildad» a los socialistas y les recordó que ellos perdieron el referéndum sobre la Consti-tución europea. Los políticos se quedaron en un segundo plano en las 150 manifestaciones convocadas en todo el país, con una fuerte movilización incluso en las ciudades más pequeñas. En Burdeos salieron a la calle más de 30.000 personas, 25.000 en Lyon y más de 100.000 en Marsella, donde al descontento general se sumaba el cierre de la factoría de Nestlé y la privatización de la SNCM, la compañía marítima que comunica con el norte de África y con Córcega. Fue precisamente en la capital de la isla, Ajaccio, donde se produjeron los enfrentamientos más violentos entre policías y manifestantes encapuchados. Junto al sector del transporte, uno de los más afectados por el paro fue el de educación, con un seguimiento del 50%. La movilización fue algo menor en correos y hospitales, y en la empresa pública de energía EDF cayó la producción un 20%. El tráfico aéreo no se vio afectado en los vuelos de largo recorrido, pero unos 400 de los otros fueron anulados y los que despegaron lo hicieron con retrasos de hasta una hora y 40 minutos de media en el aeródromo parisiense de Orly y de media hora en el de Roissy-Charles de Gaulle. El paro tuvo poca incidencia en los trenes internacionales, donde sólo se suspendió un Eurostar con destino a Londres y uno de cada tres trenes con destino a Ginebra. El resto de las conexiones con España, Italia y Suiza funcionó con normalidad. En los viajes domésticos circularon dos de cada tres trenes regionales y aproximadamente la mitad de los cercanías. En el metro parisiense, ocho de las catorce líneas sufrieron perturbaciones y en los autobuses también hubo problemas en la mayor parte de las ciudades. Aproximadamente la mitad de los profesores no acudió a las escuelas y Correos registró un seguimiento de entre el 30%, según los sindicatos, al 15% calculado por la dirección.