Advierte que mantener restricciones en el mercado laboral europeo tendrá efectos nefastos
Bruselas pide la libre circulación de trabajadores del Este en la UE
Solbes anuncia que España prescindirá de las restricciones a partir del 1 de mayo
La Comisión Europea recomendará hoy a los socios más antiguos de la Unión Europea que deroguen las medidas transitorias que impusieron hace dos años a la libre circulación de trabajadores de los nuevos Estados miembros, y que en la práctica impiden a los Veinticinco disponer de un mercado laboral común y plenamente integrado. El comisario de Trabajo y Asuntos Sociales, el checo Vladimir Spidla, presentará hoy a mediodía en Bruselas un informe sobre el efecto del régimen transitorio impuesto en los tratados de adhesión a los trabajadores de ocho de los diez nuevos socios -todos menos Chipre y Malta-, y del que ya han trascendido algunos aspectos. Entre otros argumentos, el de-partamento de Spidla considera que esas medidas restrictivas, que algunos países del Este han decretado también a la inversa para los trabajadores de la antigua UE-15, pueden traer «efectos secundarios nefastos» para el mercado laboral europeo, como el aumento del fraude, el subempleo y las subcontratas ilegales. El vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, insistió ayer en que el Gobierno es «más bien favorable» a que a partir del 1 de mayo España prescinda de las restricciones a la libre circulación de trabajadores procedentes de los últimos países incorporados a la UE. En su intervención en el Encuentro del Sector Financiero 2006, Solbes dijo que ése es el «sentimiento» que comparte con los miembros del Ejecutivo, de forma que a partir del 1 de mayo no se utilizarían las cláusulas de excepción que impiden la entrada de mano de obra procedente de esos países. Imagen Bruselas estima también que esa situación daña la imagen interna y externa de la Unión Europea, dando la impresión de que se favorece la competencia desleal entre trabajadores a los que se priva, además, «de sus derechos y posibilidades de integración social». Cuando se negoció la adhesión de los nuevos socios, que contaban con severos índices de desempleo y condiciones laborales, salariales y de vida inferiores, la UE-15 temió que una avalancha de trabajadores del Este desestabilizara su mercado laboral. Ese miedo se hizo de carne y hueso en la figura del fontanero polaco, cuya imagen sirvió incluso para defender el No a la Constitución en los referendos de Francia y Holanda del 2005. Vencidos por ese mismo miedo, doce de los quince socios -todos menos el Reino Unido, Irlanda y Suecia- lograron en el 2004 retrasar durante un plazo mínimo de dos años el libre acceso de los ciudadanos del Este a sus mercados laborales, obligándolos, como a cualquier extracomunitario, a solicitar y obtener un permiso.