El Rey anima a los empresarios a buscar la mayor competitividad

El Rey posa con los asistentes a la asamblea general de cámaras

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j. a. b. | madrid
León

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El Rey animó ayer a los empresarios a «no bajar la guardia» y «concentrarse en la búsqueda de la mayor competitividad», aunque el producto interior bruto (PIB) superase el año pasado por vez primera en su historia la barrera del billón de euros, lo que llevó al presidente del Gobierno a adelantar «un excelente panorama» para 2007. Ambos participaron ayer en la asamblea general de las Cámaras de Comercio, donde José Luis Rodríguez Zapatero adelantó que la productividad, objetivo ansiado y repetido a lo largo de la jornada, creció «previsiblemente» un 1% en 2006, casi el doble que el ejercicio anterior (0,4%). El discurso económico de los dos representantes más importantes del Estado fue similar en el fondo, pero bastante distinto en las formas. Así, don Juan Carlos prefirió optar por la prevención y las llamadas de atención -para «no quedarnos detrás de nuestros más directos competidores», dijo-, con el fin de que «aprovechamos las oportunidades que nos brinda la posición destacada que hoy disponemos en la economía internacional (el PIB español fue el octavo más alto del mundo el año pasado, tras crecer un 3,8%, por encima de la media europea)». En este sentido, abogó por «promover las nuevas formas de producción y comercialización que exige el marco global en el que participamos», pero siempre bajo «modelos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente». La intervención del jefe del Ejecutivo, sin embargo, pareció más autocomplaciente. Así, afirmó que la economía española está «imparable», tras crear 600.000 empleos el año pasado y elevar «previsiblemente» un punto porcentual su productividad, al tiempo que destacó que supone «todo un reclamo y atractivo» para los inversores franceses, alemanes e italianos. Rodríguez Zapatero anunció, asimismo, que en 2008 -dos años antes de lo previsto por el Gobierno- se habrá convergido con la UE-25 en renta media. Sólo admitió el presidente «algún punto débil», aunque -a su juicio- «subsanable», en el elevado déficit exterior (que, según reconoció, este año superará con creces el equivalente al 8,5% del PIB), cuyas causas situó en el encarecimiento del petróleo, la fortaleza de la demanda interna y el diferencial de precios con Europa. Como posible solución al desequilibrio creciente entre exportaciones e importaciones, abogó por crear «más valor añadido» en las ventas españolas a otros países, con una apuesta decidida por aquellas que incluyan tecnología de gama media y alta. Las recomendaciones del Rey se dirigieron a todas las instituciones (tanto públicas como privadas) que intervienen en la promoción y defensa de los intereses económicos del país, a fin de que actúen «con la coordinación necesaria». Por último, solicitó a las diferentes administraciones que «estimulen las vocaciones empresariales», para lo cual consideró preciso que «reduzcan las trabas y dificultades (burocráticas) a sus promotores, fomentando una mentalidad que propicie la iniciativa y el libre ejercicio de la actividad emprendedora».

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