Valoran la situación actual en España con una nota del 4,1 en el índice de Expectativa Económica
Hogares, empresas y expertos ven un futuro negro para la economía
Las familias están muy preocupadas por su capacidad de ahorro y admiten que reducirán gastos

El incremento del desempleo está dañando a las familias
La confianza de los españoles en la economía cae a pasos agigantados. Familias, empresas y expertos coinciden en su pesimista análisis, según el Índice de Expectativa Económica presentado este sábado por la consultora Sigma Dos, que sitúa la sensación de esos tres colectivos sobre el entorno macroeconómico en un nivel de 4,1 sobre diez. Y lo peor no es eso, sino que todos coinciden en señalar que lo peor está por venir. Un horizonte plagado de nubarrones en el los hogares ya advierten que gastarán bastante menos dinero en viajes, ocio, salud, educación, ropa, electrodomésticos o restaurantes, mientras los empresarios se cuestionan muy mucho sus inversiones más inmediatas. El empleo, el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) y el avance de los tipos de interés son las principales preocupaciones. El aluvión de datos negativos que desde finales de 2007 inunda la actualidad ha hecho mella en el común de los mortales. En el caso de los hogares -que se muestran más agoreros respecto a la economía en general que sobre sus propias finanzas- lo que más intranquilidad genera es la sensación de que la capacidad de ahorro en los próximos meses parece agotada. Todo cuesta más cada día y el dinero que hay en casa está destinado a pagar lo que ya se debe, y poco más. Los ciudadanos se muestran su mayor desconfianza sobre el comportamiento de los tipos de interés. No es para menos, pues el euribor supera con holgura el 5% y, dada la política de contención de precios del Banco Central Europeo (BCE), todo indica que los créditos serán aún más caros en el futuro próximo. Así, las familias se preparan para apretarse el cinturón pues, como destaca Sigma Dos, sólo tienen previsto incrementar dos partidas muy concretas de entre todos sus gastos: la de alimentos y bebidas, y aquella reservada al pago de suministros esenciales como el agua, la luz, el gas, los combustibles o las comunicaciones. Una economía de mínimos y sin ningún tipo de lujo. Para el resto de apartados, y en mayor o menor medida, sólo está prevista una reducción.