La industria ha cedido al ladrillo cinco puntos de peso en el PIB en diez años
La política económica aplicada en la última década ha potenciado los sectores más atacados por la crisis y deprimido los que ahora se apuntan como de futuro

Varios edificios de viviendas en construcción en el polígono leonés de La Lastra.
España necesita con urgencia cambiar su modelo productivo y para ello tiene que imprimir un giro de 180 grados en la dirección de la política económica. La aplicada en la última década, junto a la propia inspiración de la sociedad, han potenciado los sectores más tocados por la recesión y deprimido los que ahora apuntan como de futuro. Entre 1997 y el 2007, el año de mayor desarrollo de la historia reciente, el peso de la construcción en el valor añadido bruto pasó del 7,1% al 12,3%, hasta alcanzar la proporción más elevada entre los 27 socios de la Unión Europea.
Y lo hizo a costa de la industria, que en ese mismo plazo cedió en España casi cinco puntos porcentuales de su valor, desde el 22,2% que representaba de 1997 -”un año en el que, conviene no olvidarlo, ya habían quedado atrás las fases más duras de la reconversión-” hasta el 17,5% del valor añadido bruto total que apenas conseguía mantener diez años más tarde.
Registraron un avance relativo cercano a cuatro puntos los servicios a las empresas y financieros, cuya cuota pasó en España en esa década del 18,3% al 22,1%. Aunque ligada a la modernización, este tipo de actividad experimenta ahora una fuerte contracción como consecuencia de la crisis financiera internacional.
La transformación del campo justifica en buena parte el retroceso de la agricultura desde el 5% al 2,9% del valor añadido bruto, mientras que tiene escasa explicación la merma sufrida por el peso del comercio, los transportes y los servicios de comunicaciones. Se entiende mal que en un país con fuerte presencia del turismo hayan pasado de representar una cuota del 26,4% al 24,4% sobre el conjunto del valor añadido.
Otros servicios, que incluyen la administración pública y la defensa, la seguridad social obligatoria, la educación, los servicios sociales colectivos y domésticos, han sostenido sin apenas cambio su participación en el total de la actividad. Si en 1997 suponían un 21%, una década más tarde equivalían al 20,9%.
El valor añadido bruto es un excelente indicador de la importancia económica de los sectores. Equivale, generalmente, a más del 90% del Producto Interior Bruto correspondiente, y se calcula sumando el valor de todos los bienes producidos y restándole el correspondiente a los bienes y servicios ya incorporados en las diferentes fases de esa misma producción.