Rusia frena su arrogancia y recompone las relaciones con sus vecinos
El resultado de las elecciones presidenciales del pasado día 7 en Ucrania, que dan como vencedor al prorruso Víctor Yanukóvich, han supuesto un respiro para el Kremlin en sus esfuerzos por restablecer la influencia perdida sobre las antiguas repúblicas de la desaparecida URSS. Es de prever que la lengua rusa recuperares para el suministro de gas más estables.
Moscú mejora sus relaciones también con Azerbaiyán, Kirguistán y Turkmenistán. Sin embargo, vuelven a empeorar con Moldavia y Uzbekistán, se encuentran en un momento difícil con Bielorrusia, país que se consideraba el más fiel y próximo a Rusia, y siguen siendo malas con Georgia, Estonia, Letonia y Lituania.
Los más fieles. Los aliados más leales de Moscú continúan siendo Kazajstán, Tayikistán y Armenia. La lista incluía también a Bielorrusia, país con el que el Kremlin proyectaba crear una unión, pero la arrogancia de los dirigentes rusos ha logrado agotar la paciencia de Alexánder Lukashenko, el «último dictador de Europa», según el ex presidente estadounidense, George W. Bush.
Las desavenencias entre Moscú y Minsk comenzaron cuando a Lukashenko se le exigió que reconociera la independencia de las provincias georgianas de Osetia del Sur y Abjasia, algo que, salvo Rusia, no ha hecho ningún otro país de la comunidad ex-soviética.