Popular y calculador
Perfil | ester rebollo
El presidente colombiano, Álvaro Uribe, poseedor de la mayor popularidad en la historia reciente de su país, es un político calculador que durante sus casi ocho años de gobierno ha llevado hasta los límites su obsesión por acabar con las Farc. Durante algunos años como el único líder de la derecha en Sudamérica y aliado fiel a Estados Unidos, Uribe llegó al poder con mayoría absoluta en 2002, cuando Colombia se desangraba en una cruenta guerra y sus compatriotas reclamaban paz. Su primer paso fue imponer su Política de Seguridad Democrática, cuyo eje fue recuperar el control del territorio.
A partir de ahí facilitó un acuerdo de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, ultraderecha armada) y sentó las bases para la desmovilización de casi 50.000 hombres en armas, entre guerrilleros y paramilitares. Los colombianos volvieron a viajar sin temor por las carreteras del país, mientras la inversión extranjera regresaba.
Convencido de que su proyecto era a largo plazo, se presentó a la reelección en 2006 tras una polémica enmienda a la Constitución, aprobada gracias al voto de dos tránsfugas que terminaron en prisión. A Uribe se le complicaron más las cosas cuando en 2007 salió a la luz el escándalo de la «parapolítica», por el que decenas de congresistas de su partido fueron encarcelados al demostrarse sus vínculos con paramilitares, entre ellos, su primo Mario Uribe; así como el padre y hermano de su ex canciller María Consuelo Aráujo. Aun así mantuvo la frialdad y, sobre todo, índices de popularidad superiores al 70 por ciento.
Álvaro Uribe Vélez nació el 4 de julio de 1952 en Medellín; fue un estudiante brillante, se doctoró en Derecho y Ciencias Políticas en su ciudad natal, y completó estudios de Administración y Gestión en Harvard (EE.UU.) y en Resolución de Conflictos en Oxford (Reino Unido). Este disidente del Partido Liberal fue alcalde de Medellín (1982-83), concejal (1984-1985), senador (1986-1994) y gobernador de Antioquia (1995-1997). Como gobernador mantuvo una posición firme contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y promovió las Convivir, asociaciones de vigilancia rural y germen del paramilitarismo colombiano, lo que le acarreó ser víctima de varios atentados guerrilleros de los que salió ileso. Pero lo que verdaderamente marcó su vida fue el asesinato de su padre, el hacendado Alberto Uribe Sierra, a manos de las FARC, cuando intentaron secuestrarlo y opuso resistencia. Desde entonces sólo buscó acabar con ese grupo guerrillero, el más antiguo de América, y lo cierto es que logró asestarle los mayores golpes de sus 40 años de existencia. Los más sonoros operativos fueron la Operación Fénix, en la que murió el «número dos» de las Farc, «Raúl Reyes», y la encubierta Operación Jaque, por la que se liberó a Ingrid Betancourt, ambas en 2008.