Obama está «indignado» por los asesinatos de funcionarios en Ciudad Juárez
La imparable ola de violencia que azota el territorio mexicano desató ayer una airada condena de Washington tras el asesinato el fin de semana de tres ciudadanos vinculados al consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, centro neurálgico de una carnicería que no cesa en todo el país. Tan sólo en las últimas 48 horas, medios mexicanos estiman no menos de 150 muertes a manos de la narcoviolencia aunque las cifras reales suelen ser siempre más elevadas dada la mordaza impuesta a la prensa por el actual estado de terror. Obama, aliado incondicional del presidente Calderón en su lucha contra los poderosos cárteles de la droga, expresó su «indignación» por los hechos y ordenó el cierre de la delegación consular en esta localidad fronteriza de 1,3 millones de habitantes hasta el miércoles.
Una tras otra, las acciones de la Casa Blanca se sucedieron con rapidez durante la jornada de ayer. En una medida que sólo se ha adoptado en casos extremos, el presidente despachó a la zona a un equipo del FBI para sumarse a la investigación abierta por la policía del país vecino que tiene pistas sólidas para culpar de los asesinatos al clan de Los Aztecas, grupo vinculado al cártel de Juárez. Mientras, el Departamento de Estado emitía una nueva alerta de viajes para sus ciudadanos que viven o visitan México, y confirmó que los familiares de los empleados estadounidenses de seis de los nueve consulados podrán salir del país hasta el próximo 12 de abril.