Las Damas de Blanco vuelven a plantar cara al régimen de Castro
Las esposas, madres y familiares de los 75 disidentes en prisión desafían las advertencias del Gobierno cubano
Integrantes de Las Damas de Blanco gritan consignas durante la marcha de ayer.
El colectivo Mujeres de Blanco desafió de nuevo ayer al régimen castrista con la celebración de una nueva marcha, la cuarta de las siete previstas. En su protesta de ayer, marcharon protegidas, y sitiadas al mismo tiempo, por un cordón de seguridad de agentes de paisano y mujeres de civil y un gentío femenino incansable coreando consignas revolucionarias. En algún momento hubo un segundo cerco humano con uniformadas féminas del Ministerio del Interior (Minin) y agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).
Al cumplirse 7 años del comienzo del arresto del conocido grupo de 75 disidentes, que acusados de trabajar para los EE. UU. fueron condenados hasta a 28 años de cárcel, las esposas, madres y familiares de los 53 que quedan en prisión exigieron su liberación en las calles desafiando el mensaje de que no lo hicieran.
El acto. Cada una por sus medios llegó hasta la iglesia de La Merced, casi llena a diferencia de otros días, para asistir a la misa de las 9 de la mañana En el atrio, los periodistas eran observados por varias decenas de agentes de la seguridad, todos de paisano. Al concluir el oficio religioso, algunas Damas saludaron dentro del templo a un par de diplomáticos extranjeros, de los que dos de ellos fueron mostrados la víspera por la televisión cubana como jefes de las mujeres. Tras distribuir gladiolos rosas, salieron de dos en dos a la calle Cuba.
Apenas caminaron unos pasos cuando comenzaron a resonar los gritos de «viva Fidel», «viva la tevolución», «esta calle es de Fidel», «abajo la gusanera» y «que se vayan». Las Damas mantuvieron silencio un par de manzanas, pero después también vocearon consignas como «libertad» y «Zapata vive». Se entablaba asi una guerra de coros, siempre rodeado de uno y dos cordones humanos.
Entre la multitud había empleadas de la empresa de puros Partagas, y otras que se quejaban porque habían tenido que dejar sus «muchas ocupaciones». No faltaron voluntarias exaltadas que a ritmo de conga gritaban «muerto, y qué, bien muerto está (por Zapata)».