Reportaje | efe
Tanto crimen hay que limpiarlo
La violencia en Ciudad Juárez obliga a empresas de desinfección a ampliar negocio
Imagen de cuatro mexicanos asesinados. Una estampa corriente para la población de Ciudad Juárez.
El aumento de la violencia en Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE.UU., ha llevado a las empresas de limpieza tradicionales a incluir entre sus servicios las sangrientas escenas del crimen, por lo que algunas cobran una media de entre 200 y 300 dólares por caso (156-234 euros).
Algunos trabajadores de esas compañías confesaron que la falta de empleo en la considerada urbe con más violencia de México les ha llevado a aceptar un empleo «mal remunerado» y en el que se enfrentan en ocasiones a escenas «dantescas». Uno de ellos, que prefiere omitir su nombre por motivos de seguridad, declaró que ha pasado de limpiar hogares a otras labores «más desagradables, porque ahora tenemos que limpiar sangre, recoger restos humanos, masa encefálica y desinfectar áreas en donde se cometieron asesinatos». «Nos asignaron limpiar el cuarto de un motel donde mataron a cuatro personas para poder usarlo al día siguiente. Llevábamos máscaras y, aun así, el olor era insoportable», recordó. Este empleado define experiencias como la de aquel día como «una cosa espantosa. En esa ocasión hicimos de todo: desde limpiar manchas de sangre seca hasta retirar masa encefálica del techo y las paredes».
Lo mismo ocurre con el personal que se dedica a la limpieza de locales de ocio, hoteles o viviendas, quienes jamás imaginaron que limpiar los escenarios de «balaceras» (tiroteos) sería parte de su trabajo por culpa del crimen organizado.
En esta ciudad fronteriza mexicana se han perpetrado asesinatos y masacres en todo tipo de lugares, que deben quedar impecables por los servicios de limpieza para ser utilizados de nuevo por sus propietarios como si nada hubiera ocurrido.
Pero no son sólo limpiadores profesionales los que se enfrentan a estas situaciones. Angélica M., una ama de casa de 46 años, no olvida el día en que tuvo que salir a limpiar la sangre que quedó frente a su casa después de que tres hombres fueran asesinados allí. «No quería que mis hijos vieran los charcos de sangre al día siguiente. En cuanto se llevaron los cuerpos tuve que limpiar a fondo la calle con agua y jabón», recordó.
Esa nueva faceta «no será jamás una opción para ganarse la vida o un negocio» sino que se contempla como una deferencia «porque si un cliente llega y nos lo solicita, no nos podemos negar», explicó la administrativa de una de estas empresas.