La alarma antiterrorista generalizada obliga a cerrar al público el Reichstag

Un agente de la policía hace guardia junto al Reichstag, sede del parlamento, en Berlín.
El Reichstag berlinés quedó desde ayer y hasta nuevo aviso cerrado al público y custodiado por patrullas policiales, en medio del clima de alerta en Alemania por amenazas terroristas, mientras la policía reclama refuerzos ante una alarma general que puede desbordarla.
La sede del Parlamento, símbolo de la vida democrática e imán turístico del barrio gubernamental, prescindirá temporalmente de las largas colas de visitantes por imperativos del reforzado dispositivo de seguridad. Mientras, el ministro del Interior, Thomas de Maizière y el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, insisten en el mensaje de no dejarse llevar por el pánico, las autoridades berlinesas optaron por reforzar con vallas y un contingente de 60 policías, armados con automáticas, los alrededores del Reichstag.
De Maizière calificó de irresponsable el flujo de especulaciones difundidas, desde que el miércoles pasado admitió la existencia de «indicios serios» de atentados. Unos planes que, según unos u otros medios, apuntan al Reichstag, a mercadillos navideños o a cualquier otro espacio público.
Diversos medios avanzaron la semana pasada que se contaba con la llegada a Alemania, ayer, de dos o hasta cuatro miembros de un comando islamista con visado para circular por la zona Schengen.
Las medidas de seguridad son más que perceptibles, por la presencia de las patrullas policiales en lugares públicos. A las medidas visibles para cualquier ciudadano se suma la labor de observación de sospechosos. Se vigila a 130 presuntos islamistas calificados de peligrosos.